-Minho hyung, ¿le gustan mis orejitas? -preguntó señalando la diadema en su cabeza.
-No, te ves jodidamente infantil -espetó.
Donde Jisung tiene una personalidad muy única, por no decir de niño, debido a un trauma en su infancia. Y en donde Minho es...
Sus labios se rozaban con cariño e inexperiencia por parte de Jisung. Había mordido sus labios un par de veces desde que comenzó el beso, o más bien sesión. Ya que solo se separaban para tomar aire.
Las manos de Minho volvieron hacía la cintura estrecha que poseía el menor. Tomaba la camiseta y la apretaba con sus manos, marcando asi la curvatura, lástima que no podía verla, pero estaba cien por ciento seguro que sentirlo era mejor.
Claramente se uniría a la lista de cosas que no iba a admitir. Ni a él mismo ni a nadie.
Las manitos de Jisung yacían en las mejillas ajenas y parte del cuello. La piel pálida de su hyung se sentía demasiado suave y cálida debajo de sus palmas y yemas, algo que le encantó por completo. Pudo darse cuenta que besar esos labios se había vuelto algo adictivo, a pesar que este fuera su segundo beso o décimo si contamos las veces que se separaron.
—Hyung, alguien puede vernos —dijo finalizando la sesión, sintiendo la presencia de las mariposas en su pancita mucho más fuerte.
Ambos se miraron a los ojos, y fue Minho quién descendió los suyos para mirar los labios ajenos, notando como estos estaban rojos y un poco hinchados. No había brillo labial, sus belfos estaban naturales, eran rosados, el superior era fino y el inferior era abultado.
Lindos. Pensó Lee y se separó completo del cuerpo del menor. Tomó su mochila que había caído al suelo y espetó:
—Si le cuentas a alguien, voy a partirte en dos.
Jisung no se inmutó, no se sorprendió: sabía que lo decía solo para asustarlo.
Sabía que mentía.
—Me voy.
El azote de la puerta fue lo único que sobresaltó a Han. Sus pequeños dedos fueron a parar a su boca, sin poder comprender que estuvieron como cinco minutos besándose.
Sonrío, quería volver a besarlo.
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Los ojos de Félix inspeccionaban los de Jisung. Aunque, él no era el único que lo miraba de esa forma: Jeongin también lo observaba con los ojos entrecerrados, esperando que así, con esa mirada aterradora, Han contara el por qué Minho lo tomó del brazo y tardaron más de diez minutos encerrados.
—Dejen de mirarme, me asustan —su cuerpo se encogió—. No hice nada malo, yo soy bueno.
—Si, JiJi, eres muy bueno, ¡pero a la vez un tonto! No entiendo por qué lo sigues si sabes como te trata.
—Él no me trata... —su ceño se frunció y levantó su cabecita de nuevo en dirección a Jeongin—. ¿O sí? Solo sé que Minho tiene problemas de actitud, de humor, de reglas, etcétera. Pero está mejorando, al menos ahora se contiene... no pasó como aquella vez en el pasillo.
—¿Qué paso en el pasillo?
Félix sabía perfectamente a que se refería e intervino.
—Cuando estemos en casa me haces acuerdo y te lo cuento, Innie, no es hora para eso. Es hora de que nos confieses que fue lo que pasó ahí adentro y por qué saliste sin brillo labial, cuando, tú, Han Jisung, jamás sales sin brillo labial a ningún lado. Estás atrapado —sentenció.
—Minho hyung se puso celoso. Pensó que quería un besito en los labios cuando te mostré el labial y me dijo que ya no haga eso, claramente negó que se puso celoso, comenzó a reírse porque lo descubrí. Él tenía una manchita en el pómulo y se la saque con mi pulgar y luego solo me besó.
—Vaya... —musitó Jeongin.
—Lee Minho es como un grano en el culo —susurro Félix—. ¡Encima que te duele, no te lo puedes quitar de encima! —se levantó de la banca y apuntó con el dedo a Jisung—. Si ese cara de muerto te hace algo, juro que... juro que...
—Mide dos metros más que tú, ¿qué harás, pulguita? —una tercera voz se unió.
—Oh, Slenderman a la vista —espetó Jeongin, apartando los ojos del rubio.
—Hyunjin hyung, ¿qué necesita de unos simples Minions? —bromeó Félix, mirando a su hermano con una sonrisa pícara.
—Vamos a un lugar más privado, hay muchas personas en el campus.
Jeongin rodó los ojos y no pudo hacer nada más que seguirle el paso.
Félix se sentó al lado de Jisung, vigilando hacia donde se iba su hermano y Hyunjin. Giró su rostro, cuando ya les perdió la vista, para hablar con Han, pero este estaba muy entretenido viendo a una persona.
—No te ilusiones, JiJi.
—Lo sé —susurró.
Quiso apartar la mirada, pero el chico pelinegro al que estaba viendo, por fin pudo conectar sus ojitos con los ajenos, recordando la sesión de besos que transcurrió hace tan solo una ahora.
Ansiaba una sonrisa de su parte, algo que le diga que lo que estaba sintiendo era correcto. Que le dijera que dejar su corazón palpitar por Minho estaba bien.
Sin embargo, no obtuvo respuesta.
Solo vio como le sonrió a una chica que estaba a su lado.