-Minho hyung, ¿le gustan mis orejitas? -preguntó señalando la diadema en su cabeza.
-No, te ves jodidamente infantil -espetó.
Donde Jisung tiene una personalidad muy única, por no decir de niño, debido a un trauma en su infancia. Y en donde Minho es...
Jisung sonrió contento al verse en el espejo, había tardado unos veinte minutos en elegir su outfit. Quería que sea algo colorido, como siempre, pero tranquilo, para poder poner un brochecito nuevo que consiguió en la tienda cuando fue a comprar dulces. Estaba algo triste porque compró el pack de un solo broche, sino, se llevaría todo el dinero en esos accesorios y no le alcanzaría para comprar los dulces que tanto deseaba.
Había hecho el pastel, ¡y le salió delicioso! Sin embargo, él no solía llorar comiendo pastel, para eso estaban las ricas gomitas frutales. Lo dulce de ellas le hacía olvidar lo malo que era Minho hyung, o como lo trató sin explicación alguna. No quería pensar en eso ahora, ya bastante tenía con sus ojitos hinchados por llorar hasta altas horas de la madrugada, todo por culpa del sueño que no llegaba.
"Por qué yo estoy acostumbrado a odiar y tú a amar" ¿Qué cosa ridícula era esa? Ansiaba mucho una explicación, con palabras más claras, con detalles, con dibujitos... solo quería comprender por qué lo odiaba cuando él hizo absolutamente nada.
Jisung frunció sus labios, sin ser capaz de comprenderse a él mismo. Ya toda la escuela lo odiaba sin razón, ¿por qué justo Minho, quién se juntaba con sus mayores agresores, tendría una explicación?
Los besos. Las caricias. Era lo único que le quedaba como recuerdo precioso de su hyung, y no sabía si tirarlo a la basura, o bien inspeccionar un poco más sobre ellos, para poder encontrar una respuesta.
—Pero si Minho hyung es más duro que una piedra... —susurro, apartando su vista del espejo.
—¿Qué dijiste? —la voz de Jeongin lo alejó de sus pensamientos y buscó una salida rápida para no hablar más del tema.
—Pregunté sobre Hyunjin, nunca más me contaste que pasó o por qué quería hablar contigo, malito.
Félix alzó una ceja y bajó su celular, observando como su hermano pequeño se ponía rojo y tapaba su rostro con sus manos.
—Corrección, no nos contó. Quiero saber si ese imbécil te está diciendo o haciendo algo, Innie. Larga ahora.
El pelinegro largó un suspiro y se acomodó en la silla. Pegó su vista al suelo, ya que le daba mucha vergüenza verlos a los ojos.
—No sé qué es lo que quiere. Primero me vuelca la bebida y actúa como si yo tuviera la culpa. Luego no me deja de observar en el almuerzo, ¡y viene a pedirme que lo ayude en matemática! Encima... —el tono de voz se volvió uno molesto y elevó su vista hasta pagar sus ojos con los de Jisung—. ¡Ese Slenderman piensa que todo es fácil! Me pide que le deje ejercicios y no los hace. Puede buscar un tutorial en youtube para más facilidad, pero no, ¡el muy idiota me hace trabajar el doble, es decir, aguantarlo por una hora más! ¡Voy a cobrarle la próxima!
Félix y Jisung se miraron, sin poder aguantar la risa, la cual estalló cuando ambos se volvieron a mirar, dándose cuenta que el rostro de Jeongin estaba rojo como un tomate.
—Vaya... pienso que el idiota eres tú —musitó Lee, tratando de recuperar el aire—. Innie, date cuenta.
—¿De qué? —frunció su ceño, confundido.
—Deberías prestar más atención a las cosas. No lo sé, a como actúa, lo que hace cuando está contigo y lo que dice.
Acotó estaba vez el rubio, tomando su mochila y señalando con la cabeza para que ellos hagan lo mismo, porque si siguen conversando, llegarían tarde y Jisung odiaba aquello.
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