-Minho hyung, ¿le gustan mis orejitas? -preguntó señalando la diadema en su cabeza.
-No, te ves jodidamente infantil -espetó.
Donde Jisung tiene una personalidad muy única, por no decir de niño, debido a un trauma en su infancia. Y en donde Minho es...
Hoy, su hyungcito jugaba un partido importante, tenia todas las ganas de ir, pero su cuerpo ya presintió la ansiedad que le daba. Ahora mismo, su cabeza dolía tan fuerte, que se puso un paño con unos hielos, según su madre eso calmaba, pero no surtía efecto, solo le dio un poco mas de frio de lo que ya tenia, así que solo tomó el jarabe.
Estaba nervioso, no quería tener un ataque de pánico como la primera vez que fue a un partido, lo mejor seria quedarse en casa, sabiendo la reacción que tenia ante tantas personas, pero por otro lado, quería motivar a su novio y verlo jugar, hacerle saber que lo apoyaba en lo que haciía, pero cada vez que pensaba estar rodeado, con gritos eufóricos y personas actuando como locas, su cuerpo temblaba, y no del frio.
Todo seria mas fácil si estuviesen sentados, en silencio y solo mirando, pero suponía que le quitaba emoción al juego, así que lo entendía.
El timbre sonó y eso logró que todos sus pensamientos se disiparan. Se levantó del sofá y abrió la puerta, no preguntó quien era, puesto a que ya sabia, sin embargo, se alegró aun mas al verlo. Lo abrazó de inmediato, sintiéndose bien con el contacto.
—Hola, lindo —le dejó un beso en la mejilla para luego notar una enorme sonrisa en su rostro, contagiándole la felicidad.
—¡Hyungcito! ¿No iba a estar en la escuela todo el día?
El ajeno asintió.
—Sí... pero me aburría, y como no queda tan lejos tu casa... —se sentó en el sofá, y tomó el control para apagar la televisión, que había quedado pausada en una escena con Song Kang de fondo. Jisung se sentó a su lado y dejó caer la cabeza en su hombro—. Decidí pasar un rato. ¿te sientes muy mal?
—Solo me duele la cabeza. Pronto también vendrá Felix y Jeongin, quizás podamos ir juntos.
—Bebé, sabes que no estás obligado a ir —lo miró en cuanto despegó su cabeza de su hombro.
—Pero yo sí quiero, ¡quiero demostrarte mi apoyo!
Minho le indicó que se siente en sus piernas, para luego tomarle del rostro y acariciar sus mejillas levemente rojas.
—No hace falta estar ahí para eso, sé que me apoyas.
—No... iré.... a pesar de que... ¿no le molesta que me quede en un salón? No quiero que sea como la otra vez, pero no tengo fuerzas para que no sea así.
—No me importa en donde estés, solo quiero que estés bien y cómodo.
—Lamento mucho ser así —musitó, escondiéndose en el cuello ajeno.
—No digas esas cosas —su voz sonó autoritaria—. No hay nada que lamentar. Vayas o no, no mide la manera en la que me apoyas, ¿de acuerdo, bebé?
Jisung salió de su escondite con lágrimas en sus ojos, las mismas que Lee se encargó de limpiar con rapidez.
—I-iré... estaré e-en el salón, pe-pero estaré contigo, Min —volvió a esconderse en la curvatura de su cuello, acomodándose al menos para tratar de calmarse.
No hacer las cosas que la mayoría de las personas hacían con normalidad, lo estresaban demasiado.
Minho le dejó un beso en la cabeza y se dispuso de abrazarlo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.