☆ ESPECIAL 2

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El día estaba sumamente pesado, hacía calor, pero al menos tenía aire acondicionado en funcionamiento y no como la semana pasada, el cual estaba roto. Faltaba unas horas para irse a casa, y aún mas, si se ponía hacer el papeleo que se estaba acumulando en la esquina del escritorio.

Solo quería comer su almuerzo y dormir su siesta, abrazado a Jisung si era posible, desde que comenzó la universidad, básicamente lo perdió. Y había algo mas puntual que perdió por sus clases que no eran las siestas, sino, los dibujitos. 

Era temprano en el día, pero ya marcó en el calendario con una cruz en rojo, que no recibió ninguno, y así, completó dos semanas desde la última vez que recibió uno.

Tocaron la puerta de su oficina, a lo cual lo asustó. Estaba tan sumido en sus pensamientos que se sobresaltó. Al dar la orden de pasar, una mujer elegante y con una sonrisa avasalladora, entró detrás de su asistente.

—Lo lamento señor, sé que no acepta visitas sin cita o aviso previo, pero...

La mujer hizo a un lado a la chica que estaba hablando y le tendió la mano a Lee, quien se la aceptó, para luego sentir toda su piel embadurnada en crema. Creyó haber disimulado bastante bien el limpiarse en su traje.

—Soy Shin Seoyoung, del Grupo financiero Shinhan.

Minho entendió de donde venia, una empresa bastante importante, una financiera grande de Corea. Le señaló el asiento, para que se sentara.

—¿Gusta un café, té o agua? —preguntó mientras volvía a su lugar.

—No, estoy bien así.

—De acuerdo. Jiyu, puedes irte —la chica asintió y se despidió con una reverencia—. ¿A qué debo la visita de una de las representantes del Grupo Shinhan?

—Hija del dueño —corrigió la mujer, quien se quitó las gafas de sol—. Pronto seré la heredera de todo, y ya estoy haciendo unos negocios. He venido aquí, para poder comprar una de las empresas del Grupo Lee. Sé que tienen varias, por ende, supongo que no seria una pérdida.

Esta vez, Minho no pudo disimular su cara, por ello, Seoyoung rio. Se llevó una mano a la boca para tapar su sonrisa y largó una carcajada muy fingida, o básicamente practicada.

—Seria una total ganancia —le sonrió con un poco de coqueteo, mientras buscaba algo en su bolso, que cuando lo vio, parecía ser un talonario.

Le haría un cheque. Él también rio. 

Sin embargo, el teléfono fijo a su lado, el que se comunicaba con su asistente, recepcionista y otras oficinas, sonó. Le hizo una seña con el dedo, para que le diera un segundo, esa llamada era de recepción.

—¿SÍ? —contestó, teniendo una respuesta inmediata—. No, ya hemos dicho que no queremos —corto y volvió a mirar a la mujer—. Lo siento, preguntaron si queríamos algo para tomar, son muchas en recepción y parecería que no se pasan la información, por eso preguntan a cada rato, pero... ¿sigue con la misma decisión, no? 

—Sí, tranquilo.

—Por favor, siga con lo que estaba diciendo.

—Con mi equipo, traemos una propuesta para poder llegar a un acuerdo. Queremos comprar esta sede, al precio que ustedes quieran, porque estamos tan interesados que dejaremos que pongan el precio. No importa cuantos ceros tenga —sonrió, mientras le acercaba el talonario para dejarlo en el medio de la mesa.

Minho se acomodó en su silla, sin entender qué diablos estaba pasando. Era nuevo en todo esto, pero algo sabia, sin embargo, su madre jamás le advirtió de las personas desubicadas y estúpidas que hay en el entorno de los negocios.

━ 𝑰𝒏𝒇𝒂𝒏𝒕𝒊𝒍 ✧ 𝑴𝒊𝒏𝑺𝒖𝒏𝒈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora