☆ VEINTITRÉS

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Minho largó un suspiro, estaba cansado. No supo cuantas preguntas hizo, pero suponía que fueron dos. Sus ojos ardían por leer y leer un texto que no podía entender, hasta que le prestó atención a las comas y su comprensión hacía aquellas palabras fue de mal a peor. Ahora entendía el texto, ¿pero cómo diablos formularía una respuesta con más de cien palabras, si apenas llevaba diez? y ni siquiera sabia si tenían sentido.

Largó otro suspiro. Quería tirarse en la cama y jamás despertarse o al menos ir al sofá y poder recostar su cuerpo para que sus músculos se destensen. Sin embargo, no podía, o no lo haría. Jisung estaba muy inmerso en colocar el chocolate a la masa, para por fin ponerla en el horno. Ansiaba el pastel, no había comido durante horas solo por seguir al rubio, quien sabe el porqué, solo lo hizo. Y ahora estaba, no solo muriéndose de hambre, sino de sueño y por volver besar sus labios.

Esperaba que esas ganas se quitaran rápido.

Y allí estaba, tratando de completar las noventas palabras que faltaban en su respuesta, queriendo no quedar como un estúpido delante de Jisung, bastante lo estaba soportando, ni siquiera quería pensar en el infierno en el que estaría si le pidiera ayuda para hacer algo simple. El problema era que le faltaba concentración.

O alguien se la estaba llevando. Simple, pero Minho estaba lejos de admitirlo.

Dejó el lápiz sobre sobre la mesada, rindiéndose ante la tarea y el sueño. Apoyó su cabeza sobre el antebrazo, cómodo para dormir unos cinco minutos, un martirio para luego de eso por su espalda. Cerró sus ojos, sintiendo como el olor a chocolate inundaba sus fosas nasales.

Jisung sonrió, satisfecho por como había dejado su pastel dentro del molde, el que pronto iría al horno para por fin degustarlo dentro de algunos largos minutos. Su pancita dolía, o más bien rugía en busca de comida. También estaba un poco triste porque se olvidó de comprar sus dulces favoritos para poder comerlos mientras miraba su serie, pero la repentina aparición de su hyung le alborotó todas sus neuronas.

Y las mariposas que, luego de aquellos besos, se convirtió en un gatito hambriento. Odiaba sentirse así, odiaba que Lee Minho le provocara mariposas en la panza. Observó una vez más, a través de la ventana, como su deseoso pastel de chocolate comenzaba a cocinarse. Debía dejar de verlo, hacía que su hambre solo se agrande y que sea más doloroso, además que no sabía si hacer su leche chocolatada o un té. Pero no quería llenarse tan de golpe, así que cortaría un trozo pequeño para él y haría una taza de té, tampoco quería que algo tan delicioso le cayera mal y terminase vomitando en el baño a las tres de la mañana.

Solo sería un trozo muy, muy, muy pequeñito para él, ya que su hyung tiene su casa propia y puede ir a comer allí, ¿no así? Sería su venganza por besarlo. Por todas las veces que lo hizo sentir mal... no, para eso pensaría algo después.

Se apartó del ya caliente horno, dispuesto a seguir con el trabajo. También esperaba, con muchas ansias que Minho hubiese terminado su parte, sino, deberían juntarse una vez más, ya que Jisung quería corroborar que todas las respuestas estén bien redactadas. No era que no confiase en su hyung, solo era por si a caso.

Cerró fuertemente sus ojos y los volvió a abrir, como si de esa forma sirviera para que sus neuronas conecten y que su corazón se conecte con sus pensamientos, pero nada servía. ¿Qué diablos le estaba haciendo aquel niño?

Debía reírse de él. Así como todos hacen, de su vestuario, de las cosas que se coloca en la cabeza o su estúpido carácter de niño malcriado. Debía reírse como todos sus amigos lo hacen, y sin embargo no lo hacía. De hecho, jamás lo hizo. No conocía a Han Jisung, pero escuchaba como personas como Wonwoo, Mark o Hoshi hablaban pestes de él. Al punto de degradarlo y llamarlo por pronombres femeninos, quizás su cerebro estaba un poco lavado y por eso estaba buscando algo gracioso para reírse y burlarse de él. Algo no cabía y sentía que todo debía ser al revés: Jisung debía reírse.

Él era el único patético aquí, teniendo estas clases de pensamientos ridículos. Seguro se reiría más tarde de esto, ahora solo estaba dejándose llevar por la sensación de sus dedos acariciándolo, o incluso el sentimiento de aún tener los labios del rubio pegado a los suyos.

Si, estaba equivocado: Han Jisung no le estaba provocando absolutamente nada.

Se reincorporó de un golpe, colocándose en una postura más erguida, asustando en el proceso al menor y provocando que sus mejillas se pusieran rojas.

—Lo siento, yo... yo no quise despertarlo así, hyung. El pastel ya está en el horno así que podemos seguir... ¿ha completado las que faltaban?

—Me voy —musitó, guardando a la fuerza sus cosas en la mochila.

—Pero... pero... pero... ¿por qué, hyung? Podemos seguir hasta las ocho si quiere. Sé que le dije que no le iba a dar pastel... ¡Mentí! Puedo darle un trozo muy grande si así lo desea.

Minho lo ignoró y colgó su mochila al hombro. Cruzó la sala para llegar hasta la puerta y esta una vez abierta, Jisung alcanzó a tomarle la mano.

—¡Tiene que aprender acerca de la comunicación entre las personas, podemos hacer de esto algo más llevadero, hyung! No puede irse así como así, falta muy poquitito para terminar el trabajo. ¿Por qué actúa de esta manera? ¡Le dije que le iba a dar un trozo grande de pastel y sino, le doy dos con una taza de chocolatada! —trató de convencerlo. Quería ver una sonrisa de su parte pero solo se ganó un semblante serio—. ¿No quiere de mi pastel? Pero si dijo que tenía hambre...

—Te odio.

—¿Qué...? —el puchero fue reemplazado por una mueca de confusión.

—Te odio, por eso me voy.

—Pero... pero... ¿recuerda cuando dijo que no puedo odiarlo? —Minho entrecerró los ojos y Jisung tomó eso como una respuesta afirmativa—. ¿Entonces por que usted si puede odiarme?

—Porque yo estoy acostumbrado a odiar y tú a amar. Esa es la diferencia entre tú y yo.

—No entiendo...

Minho largó un suspiro, dispuesto a explicarle, pero simplemente reemplazó sus palabras.

—Te odio y punto. Así son las cosas.

Lee apartó la mano de Jisung con cuidado, para luego darse la vuelta e irse por el mismo camino en el que llegó.

Dejando al rubio, no solo con lágrimas en sus ojos, sino con millones de dudas que le costaría mucho tiempo llegar a una respuesta que pudiera comprender.

━ 𝑰𝒏𝒇𝒂𝒏𝒕𝒊𝒍 ✧ 𝑴𝒊𝒏𝑺𝒖𝒏𝒈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora