☆ DIECISIETE

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Las gotas caían en una perfecta sincronía, golpeando fuertemente contra el pavimento. El día estaba oscuro, a pesar que solo eran las tres y treinta de la tarde. Las nubes ocupaban todo el cielo, opacando la felicidad de Jisung.

Félix y Jeongin no pudieron asistir a la escuela, por lo que el rubio estuvo solito toda la mañana. No salió del salón. Sabia perfectamente que no se podía estar allí adentro en los recesos y en la hora del almuerzo, pero que más daba, nadie se daba cuenta de como las personas se burlaban de él, menos iban a saber que estaba rompiendo una regla.

Y no le quedó otra opción que pensar que haría con Lee Minho y el estúpido segundo trabajo que tenían que hacer juntos. Aún quedaban varias semanas para entregarlo, por lo que podia hacer las cosas lentamente, aún así, él por su cuenta, decidió avanzar unas cuantas preguntas, ya que en este cuestionario, si que habían más de veinte. Algunas parecían ser del mismo tema. solo que eran formuladas con distintas palabras, haciendo que sus neuronas se retuerzan y pierda la poca paciencia que tenía. Justo como le estaba pasando a Jisung en este momento.

El almuerzo no fue muy apetitoso para él, y eso que su madre le hizo uno de sus sandwiches especiales con pollo, su favorito. Pero había perdido el apetito, cosa extraña. Suponía que era el estrés y cansancio, ayer no durmió por los fuertes truenos y alteró un poco su rutina.

Trató de leer la siguiente pregunta, pero no entendió. La volvió a leer y nada. Sus ojos ardían, quería hacer otra cosa como pintar, lástima que no trajo su librito para colorear, además, trajo su carpeta azul con muchos dibujos. Era un día especial para él, ya que se cumplía el aniversario de muerte de su padre, por lo tanto iría solo al cementerio.

Cosa que su madre no sabía y no tiene por qué enterarse.

Sabía a la perfección lo que estaba ignorando, la única regla que se había establecido desde lo sucedido: no mentiras.

Pero si no lo hacía, su madre no lo dejaría ir y él no sabía el porqué de eso.

Llevaba un año haciéndolo. Iba por las tardes y se quedaba una hora. Jisung le hablaba de como había sido su día o el mes, las cosas nuevas que descubrió, y sobre todo, le mostraba sus dibujitos.

Amaba tanto hablar con él, lástima que su padre no podía hacerlo, sino no dejaría que pare. Amaría escuchar su voz, así como ama la de su madre, mucho más cuando le lee algunos historias cuando ya no había nada que hacer. Cuando su pancita estaba mal, también lo hacia, porque eso le dejaba hasta sin fuerzas para hacer otra cosa, obviamente le pasaba, por comer mucho dulces. 

Ahora ya no comía tantos, y por eso los extraña demasiado.

Jisung negó, incrementando las ganas que tenía de comprar dulces. Había traído un poco de dinero, así que los compraría luego de la escuela.

Sonrió ante la idea y ante el ruido de la campana finalizando el horario estudiantil. Juntó sus cosas y las acomodó perfectamente en su mochila. Quería hablar con Minho, pero él había salido primero en busca de liberarse del infierno llamado escuela.

Cuando estuvo ya afuera del establecimiento, unas gotas cayeron sobre su dorado cabello, y sobre todo, su diadema de perlas que compró recientemente, por ende, subió su capucha para cubrirla y se empeñó en su camino directo al cementerio.

Bajo la atenta mirada de Minho, quién observaba detenidamente como se alejaba, a pesar de que sus amigos estaban hablando.

—¿A dónde vas, niño? —susurró, llamando únicamente la atención de Mark.

—¿Dijiste algo? —preguntó el chico.

—Que me voy, tengo un trabajo que hacer.

Lee se levantó de la banca bruscamente y sin despedirse, se colocó su capucha para caminar por el mismo trayecto que Jisung.

Ese no es tu camino a casa. Pensó, mientras el cabello dorado se hacía presente en su campo visual.

━ 𝑰𝒏𝒇𝒂𝒏𝒕𝒊𝒍 ✧ 𝑴𝒊𝒏𝑺𝒖𝒏𝒈Donde viven las historias. Descúbrelo ahora