Ona
La tarde avanzaba con una ligereza que solo una noche de fiesta entre amigas podía ofrecer. Después de aparcar el coche frente a la casa de Sarah y Olivia, todas bajamos de los coches con risas y bromas que llenaban el aire de una energía contagiosa. La idea de trasladar la fiesta al hogar de las hermanas no nos había desanimado en absoluto; de hecho, le daba un toque más íntimo y acogedor. Sarah nos recibió con una sonrisa en la puerta, y tras los saludos, nos invitó a pasar al interior, donde ya había preparado algunas bebidas y aperitivos.
El ambiente era relajado, cálido, el tipo de reunión donde las conversaciones fluían de forma natural y las risas eran frecuentes. Al principio, Olivia estaba con nosotras, participando en las charlas aunque con una presencia algo más silenciosa. No es que pareciera incómoda, pero su postura y sus gestos mostraban cierta reserva, como si estuviera intentando encontrar su lugar en el grupo.
No tardé mucho en darme cuenta de que, a medida que la noche avanzaba, Olivia empezaba a alejarse un poco de las conversaciones más animadas. Se mantenía cerca, pero cada vez hablaba menos, y sus respuestas se volvían más breves, casi como si prefiriera observar desde la distancia. Mientras las chicas hablaban, mis ojos la seguían, notando cómo se desplazaba hacia una esquina del salón, cerca de la ventana, con una bebida en la mano y la mirada perdida hacia el exterior.
Algo dentro de mí me empujó a acercarme a ella. Quizás era la curiosidad, o tal vez la sensación de que no debía dejarla sola en ese momento. De cualquier modo, me excusé del grupo y caminé hacia Olivia, deteniéndome a su lado sin decir nada al principio, solo disfrutando del silencio compartido.
—¿Estás bien? —le pregunté después de unos segundos, con un tono suave que no pretendía presionarla, sino más bien ofrecerle una salida si lo necesitaba.
Olivia me miró con una pequeña sonrisa, aunque era evidente que la pregunta la había tomado por sorpresa.
—Sí, estoy bien —respondió, aunque luego añadió, casi en un susurro—. Me cuesta encontrar mi lugar cuando hay tanta gente.
Su sinceridad me hizo sentir un nudo en el estómago. Sabía cómo era sentirse fuera de lugar en un grupo, y no podía evitar compadecerla. La noche, que había comenzado tan alegre, de repente me pareció un poco menos divertida al darme cuenta de lo difícil que podía ser para ella.
—Lo entiendo —le dije, intentando mostrarle que no tenía que fingir sentirse cómoda si no lo estaba—. A veces los grupos grandes pueden ser un poco... abrumadores. Si quieres, podemos quedarnos aquí un rato, solo tú y yo. No me importa.
Olivia me miró, sus ojos mostrando un agradecimiento que no necesitaba palabras. Asintió ligeramente, como aceptando mi oferta de compañía sin condiciones. Nos quedamos en silencio por un momento, simplemente observando la fiesta desde la distancia. Las voces y las risas de las chicas llenaban la casa, pero aquí, en nuestro pequeño rincón, la atmósfera era diferente, más tranquila, casi introspectiva.
—Sarah siempre ha sido la social de las dos —comentó Olivia, rompiendo el silencio—. Yo... bueno, siempre he sido la que se queda en casa, tocando la guitarra o escribiendo. Esto de estar rodeada de tanta gente es... complicado para mí.
—¿Y por qué aceptaste hacer la fiesta en tu casa? —le pregunté con curiosidad genuina. Después de lo que acababa de contarme, no podía evitar preguntarme qué la había llevado a aceptar.
Olivia suspiró y esbozó una pequeña sonrisa.
—Porque Sarah insistió. Y porque pensé que, si lo hacía aquí, al menos estaría en un lugar donde me siento segura. Y no sé... tal vez parte de mí quería intentarlo, ver si podía encajar un poco más-Explicó con algonde nervios.
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𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐔𝐒𝐈𝐂 𝐎𝐅 𝐎𝐔𝐑 𝐇𝐄𝐀𝐑𝐓𝐒-𝐎𝐧𝐚 𝐁𝐚𝐭𝐥𝐥𝐞
RandomOlivia, una joven con grandes sueños de convertirse en una estrella de la música, trabaja duro en sus estudios y en sus presentaciones locales, pero siempre siente que su sueño está a años luz de hacerse realidad. Un día, conoce a Ona, una talentosa...
