XI

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Ona

Cuando la videollamada terminó, apagué el móvil y me quedé un momento mirando la pantalla en negro, con una sonrisa que no podía borrar de mi rostro. Me sentía realmente bien, más de lo que había anticipado. Hablar con Olivia siempre era un placer, pero últimamente había algo más en nuestras conversaciones, algo que me hacía sentir aún más conectada con ella.

Recordé cómo, al principio, Olivia solía ser más reservada, como si estuviera protegiéndose detrás de un muro invisible. No es que fuera fría, pero se notaba que le costaba abrirse del todo. Sin embargo, en los últimos días, había empezado a notar un cambio. Olivia se mostraba más relajada, más auténtica. Ya no dudaba tanto en compartir sus pensamientos o en mostrarme sus composiciones, incluso aquellas que no la convencían del todo. Me encantaba ver esa parte de ella, esa vulnerabilidad que poco a poco me iba revelando.

Mientras me recostaba en mi cama, no podía evitar pensar en cómo había evolucionado nuestra relación. Era como si, poco a poco, Olivia hubiera ido quitándose una máscara, dejando ver quién era realmente. Y eso me hacía sentir especial, como si, de alguna manera, le estuviera dando la confianza que necesitaba para ser ella misma.

Pensé en la conversación de esa tarde, en cómo Olivia me había contado sobre sus inseguridades con la última canción que me mostró. Sentí una especie de orgullo al recordar cómo se había relajado después de que le dije que esa era mi favorita. Era un pequeño gesto, pero significaba mucho. Verla sonreír y soltarse, ver cómo se permitía ser vulnerable frente a mí, era algo que valoraba profundamente.

Me quedé un rato más en silencio, disfrutando de la tranquilidad que me dejaba el haber hablado con ella. Sabía que nuestra amistad estaba creciendo, y me emocionaba pensar en lo que vendría. Ver a Olivia abrirse más, ser más ella misma, me hacía sentir que estábamos construyendo algo genuino y duradero.

Al día siguiente, llegué al entrenamiento con una energía diferente, de esas que no puedes ocultar. Me había despertado de buen humor, y el mensaje matutino de Olivia solo lo había mejorado. Ya era costumbre que intercambiáramos mensajes antes de comenzar el día, pero algo en esa conversación tenía un toque especial. Me senté en uno de los bancos mientras esperaba a que empezara la práctica, y, como siempre, saqué mi teléfono para escribirle a Olivia.

Conversábamos sobre nuestras cosas habituales, riéndonos de tonterías y compartiendo anécdotas. De repente, Olivia me sorprendió con un mensaje que hizo que mi corazón diera un pequeño salto.

¿Qué te parece si vienes a mi casa esta tarde?

Leí el mensaje una, dos veces, como si no pudiera creerlo. No era la primera vez que pasaríamos tiempo juntas, pero había algo en esa propuesta que me llenó de una alegría inexplicable. Mi pulso se aceleró, y sentí cómo una sonrisa gigante se apoderaba de mi rostro, una de esas que te calientan por dentro y que no puedes disimular.

Me encantaría

Le respondí, tratando de que el entusiasmo no se notara demasiado, aunque sabía que era inútil. Olivia era buena captando esas cosas, y eso me gustaba.

Mientras mi mente se llenaba de pensamientos sobre cómo sería pasar la tarde en su casa, mis amigas comenzaron a llegar al vestuario, preparándose para el entrenamiento. Yo seguía absorta en mi pequeña burbuja de felicidad, mirando el teléfono con la sonrisa aún en el rostro, cuando Mapi y Jana se acercaron a mí, notando al instante mi expresión.

-Ona, ¿qué es esa sonrisa?-preguntó Jana con una mezcla de curiosidad y diversión. No era normal verme así, y lo sabía.

Intenté encogerme de hombros, fingiendo indiferencia, pero mi cara me delataba por completo.

-No es nada, solo un buen día, supongo-Dije escapando de la pregunta.

Mapi se unió a Jana, intercambiando miradas sospechosas.

-Sí, claro. No nos engañas, algo pasa. ¿Qué es lo que te tiene tan contenta?-Preguntó la maña curiosa.

Sabía que no podría evitar sus preguntas, así que cedí, aunque sintiendo que mis mejillas se calentaban ligeramente.

-Está bien, está bien. Es solo que… Olivia me ha invitado a su casa esta tarde. Vamos a pasar un rato juntas, nada del otro mundo.-Contesté dejándolas algo sorprendidas.

-¿Olivia?, ¿La hermana de Sarah?, no sabía que hablabas con ella-Dijo Mapi sorprendida.

-Pues ya lo sabes-Dije con una risa nerviosa.

Las dos se quedaron en silencio un segundo, mirándome como si acabara de soltar una bomba. Luego, Jana sonrió de oreja a oreja y me dio un ligero empujón en el brazo.

-¿Por eso estás tan contenta? ¿Porque la guiri te ha invitado a su casa?-Preguntó con una risa.

-No la llames así-Dije defendiendo a Olivia.

Mapo, siempre la más directa, añadió con una sonrisa traviesa.

-Seguro que no es ‘nada del otro mundo’. Anda, Ona, se te nota a kilómetros que esto es algo más para ti.-Dijo directa y yo me quedé algo pillada.

Mi sonrisa vaciló un poco, pero no desapareció del todo. Sabía que intentaban sacarme más información, pero la verdad es que ni siquiera yo estaba segura de qué era exactamente lo que me hacía tan feliz. Solo sabía que la idea de pasar tiempo con Olivia, en su casa, me emocionaba de una manera diferente. Quizás no era solo la música, o la compañía; tal vez era el hecho de que cada vez que estábamos juntas, Olivia se mostraba más auténtica, más abierta conmigo, y eso me hacía sentir especial.

-Es en serio, chicas respondí, riendo para suavizar el momento.-Solo vamos a pasar el rato, como siempre. Nada más.

-Sí, claro-dijo Jana, con un tono que sugería que no me creía ni por un segundo.-Pero te conozco, y sé que esa sonrisa no es por una simple tarde con una amiga.

Mapi asintió, de acuerdo con Jana.

-Sea lo que sea, parece que lo vas a disfrutar mucho. Ya nos contarás luego-Añadió guiñándome el ojo.

No pude evitar reírme mientras recogíamos nuestras cosas para empezar el entrenamiento. Sabía que estaban exagerando un poco, pero no podía negar que la emoción seguía burbujeando dentro de mí. A medida que el entrenamiento avanzaba, mis pensamientos seguían volviendo a la idea de la tarde con Olivia. Me imaginaba cómo sería estar en su casa, las canciones que podríamos escuchar, las conversaciones que tendríamos.

Y, por supuesto, no podía esperar a ver qué más descubriría de Olivia cuando estuviéramos cara a cara, sin pantallas de por medio. Sabía que sería una tarde especial, aunque todavía no comprendía del todo por qué significaba tanto para mí. Pero eso no me importaba. Lo único que tenía claro era que, por primera vez en mucho tiempo, no podía esperar a que terminara el día para ir a su encuentro.
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Tenemos quedada🤭

¿Que harán o de que hablarán en casa de Olivia?

𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐔𝐒𝐈𝐂 𝐎𝐅 𝐎𝐔𝐑 𝐇𝐄𝐀𝐑𝐓𝐒-𝐎𝐧𝐚 𝐁𝐚𝐭𝐥𝐥𝐞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora