VIII

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El silencio de la tarde se rompía solo por el leve sonido de las . Llevaba horas ahí, intentando encontrar letra para la melodía. Las palabras se mezclaban, se enredaban, y aunque había momentos en los que parecía encontrar el camino, este se desvanecía tan rápido como aparecía. A veces, la música era así: te llevaba hasta la cúspide para luego dejarte caer de nuevo. Frustrada, pasé los dedos por todas las cuerdas, produciendo un sonido disonante que reflejaba perfectamente mi estado de ánimo. Suspiré, buscando en mi mente algún hilo del que tirar, alguna chispa que encendiera esa letra que llevaba horas buscando. Pero no encontré nada.

Justo en ese momento, escuché el sonido de la puerta principal abriéndose. Levanté la vista, desconectando un momento de mi búsqueda musical. De inmediato supe que era Sarah; su energía vibrante siempre parecía llenar la casa, incluso antes de que entrara por completo.

—¡Oli!—escuché su voz alegre resonando por el pasillo—. ¡Estoy en casa!

Me levanté de la silla, agradeciendo la interrupción, y me dirigí al salón. No podía evitar sonreír, siempre era un placer ver a Sarah tan animada. Al entrar, la encontré con una sonrisa tan grande que parecía iluminar toda la habitación. Sus mejillas estaban sonrosadas y sus ojos brillaban con una emoción que claramente no podía esperar a compartir.

—¿Dónde has estado esta vez?—le dije, riendo suavemente mientras cruzaba los brazos.

Sarah dejó caer su mochila en el suelo y se desplomó en el sofá, como si todo el entusiasmo que traía la hubiera dejado sin fuerzas.

—He estado con las chicas del Barça otra vez —respondió, su voz teñida de un orgullo que no había visto en ella antes.

Parpadeé, sorprendida. Las chicas del Barça. No era la primera vez que mencionaba a las jugadoras, pero cada vez lo hacía con más familiaridad, como si fueran viejas amigas. No podía evitar sentirme un poco desconcertada, aunque también curiosa.

—Vaya!—exclamé, inclinándome ligeramente hacia ella—. Te estás haciendo muy amiga de ellas, ¿No?

Sarah se rió, su risa era suave pero contagiosa. Podía ver la satisfacción en su mirada, como si cada encuentro con ellas fuera un pequeño logro personal.

—Sí, son geniales —dijo, encogiéndose de hombros como si fuera lo más natural del mundo—. Todas son encantadoras y tienen una energía que te atrapa.

No hablamos más sobre eso, pero en el fondo sentía algo de envidia, la facilidad que tenía mi hermana para congeniar con la gente era algo que siempre había envidiado.

El reloj marcaba las seis de la tarde, y el sol comenzaba a teñir el cielo con tonos dorados mientras yo terminaba de repasar la última canción de mi setlist para esa noche. Me esperaba otra presentación en el pequeño club donde tocaba casi todos los fines de semana con mi grupo, un lugar íntimo, lleno de luz tenue y paredes cubiertas de recuerdos de músicos que habían pasado por ahí a lo largo de los años. Sentada frente al piano, me sumergí en las notas, permitiendo que la melodía fluyera con naturalidad. Sin embargo, una idea persistente empezó a rondar en mi mente, alejándome de la concentración.

Recordé la conversación con Sarah , cuando me habló con tanto entusiasmo sobre su creciente amistad con las chicas del Barça. Desde entonces, no podía dejar de pensar en lo genial que sería poder tener esa relación con ellas.

Sonreí para mis adentros y me levanté del taburete de mi habitación, con la decisión ya tomada. Salí de mi cuarto y fui en busca de Sarah, que probablemente estaría en su habitación, haciendo quién sabe qué. Toqué suavemente la puerta antes de asomarme.

—¿Tienes un minuto? —le pregunté, tratando de sonar casual, aunque la emoción comenzaba a filtrarse en mi voz.

Sarah levantó la vista de su teléfono y me sonrió, haciéndome una seña para que entrara.

—Claro, ¿qué pasa?-Preguntó con curiosidad.

Me acerqué y me senté en la esquina de su cama, cruzando las piernas mientras la miraba. Decidí ir directo al grano.

—Estaba pensando… —empecé, haciendo una pequeña pausa para medir su reacción—. Esta noche toco en el club, ya sabes, el de siempre. Podrías invitar a las chicas del Barça otra vez.

Sarah me miró sorprendida, y por un momento no dijo nada. Luego, su rostro se iluminó con una mezcla de entusiasmo y sorpresa.

—¿En serio? —preguntó, casi saltando de la cama—. Estoy segura de que les encantaría. Siempre me preguntan por ti, por tu música, sobre todo Ona, me dijo que le enseñaste lo que acababas de componer y se quedó fascinada..

Reí, un poco avergonzada por el cumplido, y me encogí de hombros.

—Bueno, no sé si soy tan talentosa como para fascinar a alguien-Dije con una risa vergonzosa.

—Siempre dices lo mismo y nos acabas dejando a todas sin palabras—Sarah se levantó rápidamente y comenzó a buscar su teléfono—. Voy a escribirles ahora mismo. Seguro que no se lo van a querer perder.

Observé a mi hermana mientras enviaba los mensajes con rapidez, sonriendo ante su entusiasmo. La idea de tocar frente a las chicas del Barça de nuevo me llenaba de nervios, pero también de emoción. No solo porque eran figuras públicas, sino porque sentía que esta podría ser una oportunidad para salir de mi burbuja y abrirme a nuevas experiencias.

—¿Qué crees que les parecerá el sitio? —le pregunté, más por curiosidad que por preocupación—. Es diferente al de la última vez.

Sarah levantó la vista de su teléfono y me dedicó una mirada llena de confianza.

—Les va a encantar. No se trata del tamaño del lugar, sino de la experiencia. Y tú siempre logras que cada presentación sea especial. Además, creo que apreciarán el ambiente íntimo y la conexión directa con la música-Dijo sonriente.

Sentí un calor agradable en el pecho al escuchar sus palabras. Sarah siempre había sido mi mayor apoyo, pero saber que pensaba tan bien de mí y mi música, especialmente en este contexto, me daba un impulso extra.

—Entonces, está decidido —dije, levantándome de la cama y estirándome—. Esta noche será diferente, y quién sabe, tal vez termine siendo una de esas presentaciones que recordaré por mucho tiempo.

Sarah se acercó y me dio un abrazo rápido.

—Definitivamente lo será, ¿Hoy tocáis la tuya?-Preguntó mi hermana a lo que yo asentí.-Sabes que es mi favorita, a ellas también les encantará.

Mientras salía de su habitación, sentí una mezcla de emoción y anticipación. Esta noche, el club no solo sería un refugio para los habituales amantes de la música, sino también un punto de encuentro entre dos mundos distintos: el mío, donde las notas y las melodías eran lo más importante, y el de las chicas, donde la pasión y la energía del fútbol reinaban.

Y por alguna razón, sabía que ambos mundos estaban a punto de congeniar a la perfección.
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Olivia poco a poco se va atreviendo más a socializar con la chicas.

El gamper dios mío😍

Justo estaba detrás de la portería donde Alexia ha marcado (me he vuelto loca)

𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐔𝐒𝐈𝐂 𝐎𝐅 𝐎𝐔𝐑 𝐇𝐄𝐀𝐑𝐓𝐒-𝐎𝐧𝐚 𝐁𝐚𝐭𝐥𝐥𝐞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora