Ona
Al salir del coche, los nervios se mezclaban con la emoción. Era una noche especial y, aunque el frío de la noche intentaba colarse entre mis huesos, la calidez de la compañía lo hacía imposible. Caminamos juntas hacia la entrada de la discoteca, nuestras risas resonando en la oscuridad, anticipando lo que sería una noche inolvidable.
La música vibraba en el aire incluso antes de cruzar la puerta. Las luces de neón pintaban la entrada con destellos de colores, y al abrirse las puertas, el ritmo contagioso de la música me envolvió por completo. Mi mirada recorrió el lugar en busca de un rostro conocido. Allí estaba ella: Olivia, rodeada de luces y gente, pero destacando como siempre con su energía y alegría.
Mis amigas la vieron primero y comenzaron a saludarla animadas, agitando las manos y gritando su nombre por encima del ruido. En cuanto Olivia se dio la vuelta y nos vio, su rostro se iluminó con una enorme sonrisa. Su alegría se reflejaba en la forma en que sus ojos brillaban bajo las luces parpadeantes.
Nos acercamos rápidamente, y en el momento en que nuestros ojos se encontraron, supe que la noche sería especial. Sonreímos al mismo tiempo, como si la alegría de vernos hubiera encontrado su reflejo perfecto en la otra. Sin pensarlo dos veces, abrí los brazos y nos fundimos en un abrazo que destilaba cariño y complicidad.
Al sentir su abrazo, todas las emociones de la semana parecieron desvanecerse. Allí, entre las risas, el calor de nuestras amigas y la energía vibrante del lugar, todo estaba bien. Nos apretamos un poco más fuerte, como si con ese abrazo estuviéramos celebrando algo más grande que la simple reunión; celebrábamos nuestra amistad y la magia de esos momentos que hacen que la vida valga la pena.
Al separarnos, su risa contagiosa me hizo sonreír aún más. Fue entonces cuando supe que la noche apenas comenzaba, y que con ella, todas las promesas de diversión y alegría estaban garantizadas.
La música envolvía la discoteca como una corriente de energía imparable. La pista de baile era un mar de cuerpos moviéndose al ritmo de las luces que destellaban en sincronía con los bajos. Estábamos todas juntas, riendo y disfrutando del momento, pero mis ojos no se apartaban de Olivia. Su risa siempre parecía brillar más que cualquier luz, y aunque intentaba concentrarme en la conversación con Beth y las demás, me perdía constantemente en sus gestos, en cómo su cabello se movía al compás de la música, en la forma en que su sonrisa me llenaba de una calidez inexplicable.
De repente, una chica se acercó a nuestro grupo. Tenía una confianza arrolladora en su forma de caminar, como si la discoteca entera fuera suya. No la conocíamos, pero eso no pareció importarle. Sus ojos se posaron directamente en Olivia, y su sonrisa se ensanchó mientras se inclinaba un poco hacia ella.
—¿Bailas? —le preguntó, casi gritando por encima de la música, pero con una seguridad que hizo que todo a mi alrededor se desvaneciera por un segundo.
Olivia parpadeó, sorprendida. La pregunta la había tomado desprevenida, y por un momento, sus ojos se abrieron de par en par mientras intentaba procesar lo que acababa de ocurrir. Mi corazón se detuvo. No supe qué esperar, pero en ese instante, sentí que el mundo giraba demasiado rápido. Olivia miró hacia nosotras, buscando apoyo, buscando una señal.
Beth, con una chispa traviesa, le dio un pequeño empujón en la espalda, riendo mientras lo hacía. Era un gesto amistoso, ligero, pero suficiente para sacar a Olivia de su aturdimiento. Se volvió hacia la chica, todavía un poco insegura, y entonces lo vi: la tímida sonrisa que se extendió en su rostro antes de asentir.
Las luces estroboscópicas hicieron que el momento pareciera irreal. Mis ojos las siguieron mientras se alejaban, y el sonido de la música se apagó en mis oídos. Todo a mi alrededor parecía difuso, como si no importara en comparación con el peso de lo que acababa de presenciar.
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𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐔𝐒𝐈𝐂 𝐎𝐅 𝐎𝐔𝐑 𝐇𝐄𝐀𝐑𝐓𝐒-𝐎𝐧𝐚 𝐁𝐚𝐭𝐥𝐥𝐞
RandomOlivia, una joven con grandes sueños de convertirse en una estrella de la música, trabaja duro en sus estudios y en sus presentaciones locales, pero siempre siente que su sueño está a años luz de hacerse realidad. Un día, conoce a Ona, una talentosa...
