VI

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La habitación estaba en calma, el murmullo de la fiesta en la otra parte de la casa apenas alcanzaba nuestros oídos. La guitarra aún descansaba en el regazo de Olivia, y la luz suave de la lámpara sobre la mesita proyectaba una atmósfera íntima y acogedora. La conversación que habíamos tenido había dejado un aire de relajación entre nosotras, y mi curiosidad seguía viva.

Me incliné ligeramente hacia Olivia, intentando no interrumpir el silencio que había seguido a su última interpretación. Su mirada parecía más abierta ahora, y noté un leve rubor en sus mejillas, como si la aprobación que le había dado aún estuviera asentando.

—¿Te importaría tocar algo más? —le pregunté, mi voz llena de entusiasmo moderado—. No quiero ser demasiado exigente, pero me encantaría escuchar más de tu música.

Olivia soltó una risa tímida, casi nerviosa, mientras sus ojos buscaban los míos. Parecía que le gustaba la idea, pero también tenía un toque de inseguridad que se hacía evidente.

—Claro, ¿qué quieres escuchar? —preguntó, intentando disimular la timidez con un tono amable.

Pensé en varias canciones que podrían ser interesantes, pero decidí ir por algo que, intuía, podría ser especial para ella.

—¿Qué tal si tocas la canción que se te dé mejor? —le sugerí—. No importa cuál sea, solo quiero escuchar algo que realmente te guste a ti.

Olivia se quedó en silencio por un momento, como si estuviera considerando la mejor opción. Finalmente, asintió con la cabeza, una sonrisa algo tímida en sus labios.

—Está bien-Dijo todavía con aquella sonrisa tímida.

Se tomó un instante para ajustar su guitarra nuevamente, y mientras lo hacía, noté que sus manos se movían con una fluidez que sugería familiaridad y confort. A continuación, comenzó a tocar los primeros acordes de una canción que no reconocí de inmediato. Había algo solemne y poderoso en el inicio de la melodía, un sentimiento que capturaba mi atención de inmediato.

Pronto me di cuenta de que estaba tocando "You'll Never Walk Alone". Era una pieza emblemática, conocida por su intensidad y emotividad. A medida que Olivia avanzaba, el sonido de la guitarra se llenaba de una resonancia profunda, cada acorde cuidadosamente elegido, cada nota cuidadosamente colocada.

El himno, con su melodía poderosa y su letra inspiradora, llenó la habitación con una presencia casi mística. Olivia tocaba con una pasión que me hizo sentir cada acorde, cada emoción de la canción. Era evidente que la interpretación no solo era una demostración técnica, sino también una expresión personal profunda para ella.

Observé cómo sus dedos se movían con maestría sobre las cuerdas, sus movimientos fluidos y seguros. La canción, a pesar de ser una pieza familiar, adquirió una nueva vida en manos de Olivia, una vida que parecía estar impregnada de su propia experiencia y sentimiento.

Cuando la última nota se desvaneció, me quedé en silencio por un momento, asimilando la magnitud de la interpretación. Olivia me miró, su expresión mezcla de ansiedad y esperanza, como si esperara una respuesta.

—Wow, Olivia —dije finalmente, con una sonrisa sincera y admirada.

Ella sonrió, claramente aliviada por mi reacción.

—No sabía si te gustaría —dijo, su voz un poco más relajada—. Me alegra que haya salido bien.

—No solo bien —respondí—, ha sido maravilloso. Hay algo muy especial en la manera en que lo tocas, como si realmente conectaras con la canción.

Olivia asintió, y pude ver cómo su confianza comenzaba a crecer nuevamente, impulsada por la reacción positiva que le ofrecía. La habitación, que antes parecía un espacio de inseguridad, se había convertido en un refugio de creatividad y expresión auténtica.

La atmósfera en la habitación había cambiado sutilmente desde el momento en que Olivia terminó de tocar el himno del Liverpool. La música seguía resonando en el aire, y el ambiente íntimo nos permitía explorar un nivel más profundo de conversación. Olivia, con la guitarra todavía en las manos, parecía más relajada, y yo estaba ansiosa por seguir conociéndola mejor.

Después de un momento de silencio, me decidí a preguntar algo que me había estado rondando en la cabeza desde el principio de la noche. Mientras Olivia acomodaba la guitarra a su lado, me incliné hacia adelante, mostrando interés genuino.

—¿De donde viene ese fanatismo por el Liverpool?-Pregunté curiosa.

Olivia se rió con suavidad, su risa ligera y contagiosa. Parecía que la pregunta le había causado una sorpresa agradable.

—Es una buena pregunta —dijo, sonriendo—. Bueno, en realidad, soy de Liverpool.

Mi mente hizo una pausa mientras procesaba la respuesta. Entonces entendí por qué había algo en su acento que había notado antes.

—¿En serio? —exclamé, sorprendida—. Eso explica mucho, desde el principio me ha sorprendido tu acento.

Olivia asintió, su expresión mostrando una mezcla de nostalgia y orgullo.

—Sí, me mudé a España cuando tenía 15 años. Mis padres se divorciaron y Sarah y yo nos quedamos con nuestra madre aquí, ya que mi padre siempre estaba de viaje de trabajo, mi madre es de aquí, y por eso también controlo tanto el español, desde pequeña he tenido una mezcla de idiomas. Pero Liverpool siempre ha sido mi hogar, y ese vínculo nunca se ha ido-Explicó con una gran sonrisa.

La revelación me pareció tanto esclarecedora como fascinante. No solo comprendía ahora su conexión con el Liverpool, sino que también veía su pasión de una manera más personal. La historia detrás de su afición se volvió más significativa al conocer sus raíces.

—Eso es increíble —dije, genuinamente impresionada—. Debe haber sido un gran cambio para ti venir aquí tan joven. ¿Cómo te ha ido adaptándote?

Olivia se encogió de hombros, una sonrisa melancólica cruzando su rostro.

—Fue un desafío al principio. Cambiar de país, de cultura, de todo, no es fácil. Pero también ha sido una experiencia enriquecedora. He aprendido mucho y he hecho grandes amigos. A veces, la distancia hace que aprecies más las cosas que dejaste atrás-Su respuesta reflejaba una sabiduría que parecía ser parte de su carácter.

La manera en que hablaba de su transición y de su amor por su ciudad natal mostró una profundidad que me hizo admirarla aún más.

—Y a pesar de estar aquí, sigues tan apasionada por Liverpool como siempre —le dije con una pequeña risa—. Es bonito ver cómo algo tan arraigado en ti sigue siendo una parte importante de quién eres.

Olivia sonrió, claramente conmovida por mis palabras.

—Sí, supongo que nunca puedes dejar completamente de lado de dónde vienes. Y Liverpool siempre estará en mi corazón, sin importar dónde esté, y al igual que la cuidad tampoco dejaré de ser aficionada del equipo-Añadió con una risa.

La conversación fluyó de manera natural, y a medida que seguíamos hablando, la conexión entre nosotras se profundizaba. La historia de Olivia, su pasión por la música y su amor por su ciudad natal añadieron capas de entendimiento a nuestra conversación. Mientras la noche avanzaba, supe que el intercambio de historias y el compartir de pasiones habían hecho que la fiesta, a pesar de sus altibajos, fuera una experiencia valiosa y enriquecedora para ambas.
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Ya sabemos de dónde es nuestra guiri😁

Que hoy es el gampeeer, que ganas😍😍

𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐔𝐒𝐈𝐂 𝐎𝐅 𝐎𝐔𝐑 𝐇𝐄𝐀𝐑𝐓𝐒-𝐎𝐧𝐚 𝐁𝐚𝐭𝐥𝐥𝐞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora