XXIX

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Ona

Tener a Olivia en mi casa era un placer que hacía tiempo no experimentaba. Habíamos pasado por tantas cosas en los últimos días que simplemente poder relajarnos y disfrutar de la compañía mutua era como un bálsamo para el alma. Después de las tensiones y confusiones, de los nervios y de esa sensación de no saber exactamente dónde estábamos paradas, el poder estar juntas en ese momento, riendo y charlando sin preocupaciones, era algo que atesoraba.

Estábamos en el sofá, charlando sin rumbo fijo. Habíamos dejado atrás la emoción de la noticia de la canción y nos habíamos sumergido en una conversación tranquila, sin un destino en particular. La casa estaba en silencio, y el sonido de nuestras voces llenaba el espacio con una calidez reconfortante. Mientras hablábamos, no podía evitar notar lo fácil que era estar con ella. No había tensiones, no había expectativas, solo nosotras, disfrutando del momento.

En algún punto, la conversación derivó en una serie de bromas y pequeños piques. Yo, con la intención de molestarla un poco, mencioné que había llegado tarde, y aunque no me molestaba realmente, quería ver su reacción. Como había anticipado, Olivia reaccionó con esa teatralidad que la caracterizaba, llevándose una mano al pecho y haciendo una mueca exagerada.

—Ah, ¿así que he llegado tarde? —dijo, con un tono dramático que me hizo reír—. Han sido por cinco minutos, no es para tanto.

Su intento de parecer ofendida me sacó una sonrisa. No era solo lo que decía, sino la manera en que lo hacía, la forma en que sus ojos brillaban con esa chispa juguetona que siempre lograba desarmarme. Sentí un impulso repentino de empujar un poco más, de ver hasta dónde podía llevarla.

—No lo es —respondí, inclinándome hacia ella con una sonrisa—. Pero no pude resistirme a mencionarlo.

Ella frunció los labios, como si estuviera realmente molesta, aunque sabía que solo estaba fingiendo. Era una expresión que me resultaba tan familiar, tan ella, que no pude evitar sentir una especie de ternura hacia ella en ese momento. No sabía exactamente qué era, pero había algo en esa pequeña mueca que me hacía querer jugar un poco más.

Sin pensarlo dos veces, lancé mis manos hacia sus costados, tocando justo en ese lugar que sabía que era su punto débil. La reacción fue instantánea. Olivia dio un respingo y soltó un grito ahogado, su cuerpo retorciéndose en el sofá mientras intentaba detenerme. Su risa explotó en el aire, clara y contagiosa, y verla así, tan desprevenida, me hizo sonreír aún más.

—¡Oye! —protestó entre risas, tratando de alejar mis manos—. ¡No hagas eso!

Pero su risa la delataba. Pude notar lo increíblemente sensible que era a las cosquillas, y esa pequeña vulnerabilidad solo me hizo querer seguir. No pude evitar sonreír ante la idea de poder provocarla un poco más, de hacerla reír hasta que no pudiera más.

—¿Qué? —dije, levantando una ceja con aire juguetón—. ¿Así que eres sensible a las cosquillas?

—No, no, no—respondió rápidamente, pero su risa no paraba, y su sonrisa me decía que estaba disfrutando tanto como yo.

—Osea, que si —pregunté, fingiendo incredulidad mientras mis manos volvían a sus costados. La escuché reír de nuevo, esa risa que llenaba la habitación y que me hacía sentir como si todo estuviera bien en el mundo.

Olivia intentó girarse para escapar, pero fui más rápida, y pronto estaba riendo tan fuerte que apenas podía respirar. Se dejó caer en el sofá, completamente a merced de mis ataques de cosquillas. La veía luchando por recuperar el aliento, sus ojos llenándose de lágrimas de risa, y yo no podía dejar de sonreír. Había algo en verla tan desinhibida, tan libre, que me hacía sentir increíblemente feliz.

De repente, en medio de su risa, su voz cambió. En lugar de suplicarme que parara en español, como lo hacía normalmente, Olivia empezó a hablar en inglés, su idioma natal. Su tono se volvió más grave, más profundo, y el sonido de su voz resonó en mi mente de una manera que no esperaba.

—Please, Ona! —dijo, su voz teñida de desesperación, pero aún con esa risa que hacía que todo pareciera menos serio.

Me quedé helada por un momento. Nunca la había escuchado hablar en su idioma fuera de sus canciones, al menos no cuando estábamos solas. Era como si, en su vulnerabilidad, hubiera vuelto a ese idioma que era parte de ella de una manera más profunda, más íntima. Y había algo en cómo sonaba, en la manera en que su voz se había vuelto un poco más grave, que la hacía sonar increíblemente atractiva. Sentí un escalofrío recorrer mi columna, y mi corazón dio un vuelco. No podía negar lo mucho que me gustaba cómo sonaba, lo mucho que me afectaba escucharla hablar así, tan natural, tan ella otra vez.

Finalmente, cuando vi que estaba realmente sin aliento, decidí detenerme. Olivia se dejó caer en el sofá, todavía riendo suavemente mientras trataba de recuperar el aliento. Su cara estaba enrojecida, y sus ojos brillaban con lágrimas de risa. Nos quedamos así por un momento, ambas respirando con dificultad, el sonido de su voz en inglés todavía resonando en mi cabeza.

Era algo tan inesperado, pero a la vez tan encantador, que no podía dejar de pensar en ello. La había escuchado hablar en inglés antes, claro, pero nunca así, nunca de una manera tan desenfadada, tan natural. Y saber que la había llevado a ese punto, a un lugar donde se sentía lo suficientemente cómoda para ser completamente ella misma, me llenaba de una calidez que no podía explicar del todo.

—Eres una tramposa —dijo finalmente, mirándome con una sonrisa pícara, sus ojos todavía brillando por la risa.

—¿Yo? —respondí, fingiendo inocencia—. Solo aproveché la oportunidad.

Olivia negó con la cabeza, pero no pudo evitar sonreír. Había algo en ese momento, en la forma en que nos mirábamos, que me hacía sentir increíblemente conectada con ella. Estaba feliz, realmente feliz, y su presencia hacía que todo pareciera más brillante, más lleno de posibilidades. Verla así, tan libre y despreocupada, solo me hacía querer estar más cerca de ella, compartir más momentos como este. Y aunque no lo dije en voz alta, sabía que estos momentos eran los que más apreciaba, los que me hacían sentir que todo lo que habíamos pasado había valido la pena.
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Otro capítulo de los que tengo bautizados como capítulos "por la cara"

Al menos es feliz😁

𝐓𝐇𝐄 𝐌𝐔𝐒𝐈𝐂 𝐎𝐅 𝐎𝐔𝐑 𝐇𝐄𝐀𝐑𝐓𝐒-𝐎𝐧𝐚 𝐁𝐚𝐭𝐥𝐥𝐞Donde viven las historias. Descúbrelo ahora