26 Largos y prodigiosos dedos

674 61 285
                                        

Killshot (Slowed + Reverb) - Magdalena Bay

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Killshot (Slowed + Reverb) - Magdalena Bay

KEILAM

—¿Cómo me encontraste? —le pregunto una vez más. Estoy cubierta por su gabardina, y de igual forma, no puedo dejar de temblar—. Respóndeme.

Dubravko cierra la puerta detrás de nosotros. Me pide que me quite las botas y le hago caso, dejándolas en la entrada.

Las luces se encienden y revelan un salón inmenso. Las paredes negras se funden con el mármol oscuro del piso, atravesado por vetas y destellos dorados. Los bordes de los muebles y las molduras que recorren el techo alto también están bañados en oro, aunque aquí la estética se inclina hacia una línea mucho más moderna que la que vi en la casa de sus papás.

—Te seguí. No respondías a mis mensajes y la última vez que hablamos no parecías encontrarte en pleno uso de tus facultades. —Saca el teléfono del bolsillo de su pantalón, desliza la pantalla y busca nuestra última conversación antes de enseñármela.—. Además, lo que escribiste aquí resulta prácticamente ininteligible.

—Estaba cansada.

—Claro —responde, incrédulo, y lo vuelve a guardar.

¿Aquí vivía cuando estudiaba en la universidad de Duskbridge? Recorro el lugar en silencio, preguntándome cuántas noches habrá pasado solo aquí, con esta misma vista, antes o después de conocer a Ophelia.

La cocina queda al fondo, abierta hacia el salón. Sobre la mesada de granito oscuro descansan cuchillos, verduras a medio cortar y un sartén abandonado junto a la hornalla. Todo indica que Dubravko estaba cocinando antes de salir a buscarme y que lo dejó así.

Desde que subí a su coche y mi respiración volvió a encontrar su ritmo natural, no he podido apartar una misma pregunta de la cabeza. ¿Qué carajos hace Dubravko en Estados Unidos? Las navidades están a la vuelta de la esquina. En circunstancias normales debería estar en Croacia, con su familia, en su mansión ridículamente perfecta. Entonces, ¿qué hace aquí?

La pregunta se me queda en la punta de la lengua, pero termino por tragármela y mantener la boca cerrada.

Prefiero comportarme como si ya conociera la respuesta. Así, Dubravko podría llegar a creer que siempre estoy un paso por delante de él. Es una estrategia arriesgada, pues me obliga a investigar por mi cuenta y a lanzar preguntas capciosas para obtener información sin delatar mi ignorancia. Sin embargo, resulta mucho más conveniente que admitir que, en realidad, estoy completamente perdida.

—Acompáñame.

Él echa a andar y lo sigo de inmediato, alargando el paso para no perderlo de vista. Se adentra en un pasillo largo y estrecho, y sus pisadas son tan ligeras que apenas llegan a oírse, de modo que no puedo distraerme ni un segundo en la decoración que nos rodea.

Las manos de ModricHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora