02 Supéreme sin rebajarse a pedirlo

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Starburster - Fontaines D

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KEILAM

Los pasillos que conducen al salón de escultura están decorados con obras de arte de estudiantes, actuales y extintos, en una especie de galería que se supone que sirve de inspiración. Algunas sí te remueven algo, te sacuden un poquito el ego creativo. El resto... Sinceramente, me hacen querer googlear carreras con mejor salida laboral.

—Veo muchísima gente nueva —le digo a Vesna.

Ella le da un sorbo a su café, con la vista puesta en los estudiantes que pasan a nuestro lado.

—Muchos extranjeros.

Nos detenemos frente a una de las escaleras laterales y Vesna aprovecha para recogerse el cabello en una coleta desganada.

—¿Qué comisión te tocó?

—D4. —Señala hacia arriba—. Conservación y Restauración, como siempre.

—¿Y...? ¿Qué tal el café? —pregunto, más para retrasar mi entrada que por verdadero interés.

Ella me observa unos segundos, tratando de decidir si merece la pena responderme.

—Aguado, caro y me está destrozando el estómago.

Me da una palmada en el hombro, enviándome al matadero, y me da la espalda.

—Nos vemos en la hora de la cena —le recuerdo.

—Ya vete a clases, Lady Macbeth.

Así empezó a llamarme Vesna hace unos días. Como jamás he leído a Shakespeare —y no iba a fingir que sí— terminé buscándolo en internet. Y ahí me enteré de que, básicamente, me está comparando con una esposa que convence a su marido de asesinar a un rey para quedarse con el poder. Nada grave. Jaja. Solo un pequeño regicidio doméstico para ascender socialmente.

Sin despedirse, Vesna sube las escaleras a un ritmo perezoso.

Por mi parte, me doy la media vuelta y avanzo hacia el otro extremo del segundo piso. Al cruzar la puerta del salón de escultura, me recibe de lleno el olor a barro húmedo y resina. El espacio está lleno de mesas de trabajo, distribuidas estratégicamente, y estanterías repletas de herramientas especializadas.

Es mi segundo año aquí y sigo sintiendo el mismo nerviosismo que la primera vez. Ya hay varios estudiantes dentro y me dispongo a elegir un lugar que no esté ni muy lejos ni demasiado cerca del pizarrón del profesor.

De no estar tan ciega, ya estaría mudándome al fondo del salón.

—Holaa —saluda una chica a mi derecha.

Su piel es acaramelada, pero un poquito pálida. Hay algo que destaca mucho en ella y es su cabello, rubio y lacio, decorado por dos largas mechas teñidas de negro que acentúan muy bien la simetría de su cara.

Las manos de ModricHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora