28 Si estuvieras en mi lugar

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Time in a Bottle - Jim Croce

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Time in a Bottle - Jim Croce

DUBRAVKO
HACE DIEZ AÑOS

Sujeto el hilo de alambre con ambas manos e intento deslizarlo sobre la arcilla ya humedecida, sin embargo, el hilo se desvía de su trayectoria y termina hundiéndose en mi piel, arrancándome un alarido que me hace fruncir el puente de la nariz.

—¡Maldición! —exclamo.

El corte, fino y doloroso, surca mi dedo anular.

Sacudo la mano y presiono alrededor de la herida, y cuando la sangre brota de más me llevo el dedo a la boca, dejando que el sabor metálico se expanda sobre mi lengua.

—¿Otra vez? Vas a quedarte sin dedos si sigues así —dice Ophelia, acercándose a mi mesa de trabajo—. ¿Duele mucho?

Volteo los ojos, en un gesto de obviedad, y luego asiento con la cabeza. Ella me quita el dedo dentro de la boca y examina el corte. No es el más profundo, ni tampoco el más doloroso, pero sangra bastante.

—No me quedan más tiritas. —Suspira—. Ocupaste todas.

—No las necesito. —Aparto mi mano de la suya y arrastro la sangre por la tela de mi delantal—. Estoy bien. Solo fue un corte.

Rueda los ojos y balbucea algo que no llego a entender, creo que estaba imitándome. Luego, juega con su cabello trenzado, enroscándolo entre sus dedos y también frotando las hebras castañas contra su pequeña nariz con forma de botón.

—¿Vas a ducharte antes del partido? —pregunto, queriendo cambiar de tema para no prestarle tanta atención a los pálpitos en mi herida.

Ella niega con la cabeza y suelta la trenza.

—No, hoy no puedo.

Es la tercera vez que cancela las actividades grupales que ella misma se empeña en organizar, y lo hace siempre a último momento. No uno o dos días antes, lo que al menos permitiría reorganizar el tiempo con cierta dignidad, sino apenas una o dos horas antes. Empieza a irritarme profundamente, porque por su culpa me he visto obligado a sostener conversaciones incómodas con los otros cuatro integrantes de su círculo, personas a las que, dicho sea de paso, no tengo el menor interés en considerar mis amigos. A lo sumo son compañeros de clase, quizá conocidos con los que coincido por mera circunstancia. La única persona a la que realmente puedo llamar amiga es Ophelia.

Intento no parecer molesto, aunque en realidad me urge que advierta hasta qué punto me irrita este tipo de imprudencias. Por eso dejo que las comisuras de mi boca se curven apenas hacia abajo, un gesto mínimo que confío sea suficiente para delatar mi descontento sin necesidad de decirlo en voz alta.

Las manos de ModricHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora