11 Grupo de buitres

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Tell Me the Truth - Two Feet

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Tell Me the Truth - Two Feet

KEILAM

La cafetería en la que Rui nos citó es bastante peculiar, nada de las típicas mesas de madera ni sillas sencillas de cualquier bar.

El suelo de mármol gris refleja las luces cálidas de las lámparas de araña suspendidas del techo alto y abovedado. Las mesas, redondas y cubiertas con manteles blancos, contrastan con las sillas tapizadas en terciopelo celeste, mientras los espejos antiguos, enmarcados en dorado, se repiten en las paredes y no puedo dejar de verme en el reflejo de cada una. En conjunto, el lugar tiene un aire fantasioso con un toque de realeza coqueta que a Vesna y a mí nos resulta completamente romántico.

Me ajusto las gafas sobre la nariz y alzo la vista para contemplar una de las lámparas, con sus pequeñas gotas de cristal suspendidas en racimos sobre nuestras cabezas. ¡Es divino!

Ojalá algún día pudiera vivir en un lugar así, rodeada de lujos, ornamentaciones doradas y colores pastel por todas partes.

—Apúrate, Kei, no es que tengamos todo el día —dice Vesna mientras acelera el paso—. Tengo Gestión y Legislación del P.C. a las seis.

Sus piernas son demasiado largas y aun así la alcanzo cuando llega a una mesa junto a la ventana, donde Rui ya nos espera. Me detengo un segundo antes de acercarme del todo y parpadeo varias veces, solo para asegurarme de que es él. La última vez que lo vi llevaba el cabello y las cejas completamente decolorados como un pollito.

Su piel morena brilla bajo la luz cálida del lugar y le acentúa los rasgos latinos que siempre llaman la atención. Muchos asumen que es brasileño o algo por el estilo, aunque en realidad es tan español como una siesta de domingo. Lleva una bufanda afelpada color lila que combina a la perfección con el glitter que le adorna los párpados. Y no, ya no tiene el cabello decolorado, lo cual lamento un poco, porque a mí me parecía que le quedaba demasiado bien.

—¡Mira nada más a quién tenemos aquí! —exclama Rui, con esa sonrisa que nunca cambia; un poco pícara, un poco traviesa. Se levanta de la silla y extiende sus brazos para saludarnos—. Kei, pensé que ya te habías olvidado de este mortal.

—¿Olvidarme de ti? —Río y me dejo envolver en su abrazo—. Imposible, Rui. Solo... La vida. Ya sabes cómo es.

Su perfume me hace estornudar, es muy invasivo.

—Sí, perra, pero la vida siempre está de por medio —responde Rui y entorna sus ojos color miel—. Tenías que meter las narices donde no debías para volver a verte, eh. Qué graciosa nos resultaste.

Vaya que le hicieron un buen espóiler acerca del asuntito.

Vesna se acomoda en el asiento a mi derecha, saca el teléfono y deja su bolso Chanel a un lado.

—Así que... Con que tenemos planes —dice Rui. Apoya los codos sobre la mesa y descansa la cabeza entre sus palmas—. Si realmente quieren infiltrarse en alguna de las exposiciones de Modric, lo primero que necesitan es presencia. Y no hablo solo de ir bien vestidas, hablo de encajar en ese círculo de una forma tan natural que nadie se detenga a preguntarse quién mierdas somos. ¿Entienden?

Las manos de ModricHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora