54 Tu corazón me reclama

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Everything in Its Right Place - Radiohead

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Everything in Its Right Place - Radiohead

MODRIC

Sostengo las manos de Keilam y las sumerjo en el líquido consagrado de la fuente.

La preparación reúne hierbas aromáticas elegidas por Ankica, dos dientes de león pulverizados, agua salada y medio litro de sangre perteneciente al Ludex Lucis, a la Praefecta novitiarum y a mí. El líquido aún conserva la frescura de haber sido extraído esta misma tarde en el hospital de la ciudad por uno de los miembros más fieles a los cuidados de la élite.

No es un bautismo, aunque conserva su liturgia trastocada, orientada hacia una limpieza espiritual más severa y deliberadamente profana.

Nos encontramos a solas en una de las salas de preparación del segundo piso, un espacio reservado para los momentos previos a cualquier ceremonia o reunión. En esta habitación se custodian las vestimentas de antiguos miembros y de aquellos que fueron expulsados de la orden. Junto a ellas reposan frascos de perfumes embrujados, concebidos con intenciones diversas y cuidadosamente sellados. Sin embargo, su uso es excepcional. Toda brujería exige una contrapartida, y he decidido que nuestra élite ya no debe permitirse forzar los límites de la fortuna ni comprometer equilibrios cuya restitución siempre termina siendo más onerosa que la ganancia inicial.

Keilam se lava las manos con el agua y alza la mirada para encontrarse con la mía. Tiene la máscara blanca desplazada hacia un lado del rostro, dejándome ver con claridad la ilusión que se dibuja en su expresión.

—Será una gran noche —le digo, ofreciéndole una sonrisa—. Y quiero que tengas claro que estaré orgulloso de ti, sin importar lo que suceda.

—¿Lucifer puede rechazarme, a pesar de todo lo que hemos hecho hasta ahora? —me expresa su preocupación—. ¿Qué será de mí entonces?

Me gustaría poder decirle que no existe posibilidad alguna de su rechazo. Sin embargo, sé bien que Keilam es un elegido irascible, poco dócil a la confianza, y que esas mismas condiciones elevan el riesgo. Valdren no hablaba desde la estupidez cuando lo trajo a colación durante el trayecto, y justamente por eso me molesté tanto con él, porque admitirlo implicaría aceptar que no poseo la verdad absoluta en esta situación, cuando debería ser así.

—Bueno... —Le froto el corazón de las palmas mientras considero cuánto decirle, hasta que finalmente opto por serle lo más franco posible—. Podría intentarse con otra élite, una que Paymon juzgue más adecuada que la nuestra, pero no es algo que desee considerar debido a que implica riesgos completamente innecesarios. Sin embargo, nada de eso será necesario. Tú perteneces aquí.

Aunque me sonríe, el color de sus ojos se recoge con tal sutileza que me cuesta distinguir el centro oscuro de sus pupilas contraídas.

Le alzo las manos y las envuelvo en una toalla blanca, que empieza a teñirse de rosa. No logro apartar la vista de cómo el color avanza, devorando lentamente la blancura de la tela, al tanto que mi mente vuelve a hundirse en ese pozo de incertidumbres que me asedia cada día con mayor insistencia. Hoy, más que nunca, contemplo la posibilidad de derrumbarme dentro de unas horas.

Las manos de ModricHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora