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TIENE LA REALIDAD ALTERADA.
Esposos.
Celos.
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Era una mañana cálida en Tokio. El sol brillaba con fuerza, y las calles se llenaban del bullicio típico de la ciudad. En un amplio y lujoso departamento, T/N se encontraba frente al espejo de cuerpo entero, luchando para atarse las chanclas con su creciente barriga de embarazo como su mayor desafío del día. Llevaba un vestido largo de algodón que cubría hasta sus tobillos y unas chanclas cómodas. Mientras se miraba al espejo, una sonrisa divertida se dibujó en sus labios.
"Definitivamente, parezco una bola con patas", murmuró con una risita, acariciándose la barriga con cariño.
Desde la puerta del vestidor, Sanemi Shinazugawa, su esposo, la observaba en silencio. El CEO de una de las empresas más importantes de Japón no podía evitar sentirse embelesado. Su mirada, cargada de intensidad y posesividad, seguía cada uno de sus movimientos.
"¿A dónde crees que vas vestida así?" preguntó con su tono característico, mezcla de autoridad y algo de fastidio, aunque con un brillo tierno en los ojos.
"¿Así cómo, Sanemi?" Ella respondió con una sonrisa inocente.
"Demasiado sexy", espetó él, cruzándose de brazos.
T/N soltó una carcajada que hizo eco en la habitación. "¡Sanemi! Este vestido no tiene nada de sexy, cubre todo, ¡parezco un saco! Además, ni siquiera puedo agacharme sin parecer un pingüino."
Él frunció el ceño y se acercó a ella. "Ese es el problema. No necesitas usar algo ajustado ni mostrar piel para verte como una diosa. Cualquier hombre que te vea, incluso así, va a querer seducirte. ¿Sabes cómo te ves? Hermosa. Perfecta. Con esa barriga llevas a mi hijo, ¿cómo no voy a estar loco por ti?"
T/N rodó los ojos, acostumbrada a las exageraciones protectoras de Sanemi. Aunque su corazón se llenaba de calidez cada vez que lo escuchaba hablar así, no podía evitar reírse de lo exagerado que era.
"Por favor, Sanemi. Nadie me va a mirar, y si lo hacen, será porque parezco un barril ambulante. Sin exageraciones".
Él soltó un gruñido bajo y tomó su mano. "Vamos, que yo te llevo. No puedes andar sola con esa barriga, y menos con tantos ojos curiosos."
En la calle, Sanemi demostró ser todo un esposo protector y consentidor. La llevaba del brazo, su mirada siempre alerta, como si estuviera listo para apartar a cualquier hombre que osara dirigirle una mirada a T/N. En cada esquina, cuando ella expresaba antojo por algo, él no dudaba en comprar. Desde frutas frescas hasta helados extravagantes, y hasta un par de zapatillas nuevas cuando mencionó que las chanclas no eran tan cómodas como esperaba.
"¿Es necesario todo esto, Sanemi?" preguntó ella, viendo cómo cargaba con varias bolsas mientras le daba de comer un helado.
"Todo lo que necesites, y más. Mi trabajo es cuidar de ti, ¿no? Y si eso significa vaciar mi cuenta para satisfacer tus antojos, lo haré."
Varias mujeres que pasaban por la calle los miraban con envidia. Sanemi, con su figura alta y poderosa, su cabello desordenado y su carácter intimidante, era un hombre que llamaba la atención sin esfuerzo. Y verlo actuar con tanta dulzura hacia su esposa era un espectáculo raro y fascinante.
T/N se sintió un poco incómodo por las miradas, pero Sanemi, lejos de preocuparse, estaba más enfocado en asegurarse de que nadie se acercara demasiado.
"¡Eh! ¡No te acerques tanto!" le gruñó a un joven que accidentalmente pasó demasiado cerca.
"Sanemi, no exageres", murmuró T/N, escondiendo su sonrisa detrás del helado.
"¡No estoy exagerando! Ese tipo casi te mira, ¿no lo viste?"
"Sanemi, él solo iba caminando. No estaba ni prestando atención."
"No me importa. Nadie tiene derecho a mirarte como yo lo hago."
Ella lo miró con ternura. Era imposible enojarse con él, incluso cuando sus celos eran totalmente irracionales. Lo amaba demasiado, y más ahora que veía lo devoto que era con ella y su futuro hijo.
"Sanemi, relájate un poco. Solo somos tú, yo y el bebé. Nadie más importante".
"Eso lo dices tú", murmuró él, pero su tono era más suave esta vez.
Al final del día, después de que Sanemi había prácticamente vaciado medio centro comercial comprándole cosas, regresaron a casa. Mientras ella se acomodaba en el sofá, con un cojín extra para su espalda, él se sentó a su lado, dejando las bolsas a un lado.
"¿Qué haría sin ti, Sanemi?" dijo T/N, acariciando su rostro.
"Yo soy el afortunado", respondió él, tomando su mano y llevándola a sus labios. "Tenerte como esposa y ahora como madre de mi hijo... No hay nada más importante para mí. Siempre voy a cuidarte, T/N. Incluso si exagero un poco."
Ella rió suavemente, sintiéndose la mujer más amada del mundo. Para los demás, Sanemi podía ser un CEO con un carácter explosivo, pero para ella, era su esposo protector y el futuro padre perfecto. Y mientras lo tenía a su lado, sabía que todo estaría bien.
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𝙆𝙞𝙢𝙚𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙔𝙖𝙞𝙗𝙖 [ᴏɴᴇ ꜱʜᴏᴛꜱ]
FanfictionEs el anime favorito de mi hermana y me amenazó si no lo hacía 😭 @Urogi-kunn
![𝙆𝙞𝙢𝙚𝙩𝙨𝙪 𝙉𝙤 𝙔𝙖𝙞𝙗𝙖 [ᴏɴᴇ ꜱʜᴏᴛꜱ]](https://img.wattpad.com/cover/371845722-64-k248279.jpg)