Desde que sus hijos mellizos habían empezado la escuela, T/N había notado algo extraño en su esposo, Tomioka Giyuu. Para ser un hombre serio, inexpresivo y estoico, últimamente se le veía... —por no decirlo de otra manera— demasiado sensible.
Lloraba cuando veía la ropa diminuta de los niños doblada en el cesto de la ropa sucia. Lloraba cuando encontraba los platos pequeños sin usar en la mesa. Lloraba cuando pasaba por sus habitaciones y veía sus camitas vacías.
—Giyuu, amor... —T/N lo observó en la sala, abrazado a una almohada de los mellizos, con la cara enterrada en ella—. ¿Otra vez estás así?
—Yo... snif... no entiendo cómo el tiempo pasó tan rápido... —dijo con un tono dramático, frotándose los ojos—. Ayer estaban en pañales y hoy ya los dejamos en un lugar lleno de desconocidos. ¿Y si los molestan? ¿Y si no los cuidan bien? ¿Y si tienen hambre y nadie les da lo que les gusta? ¡Podrían estar sufriendo en este momento!
—Amor, solo están en la escuela —dijo T/N con paciencia, sentándose a su lado y acariciándole la cabeza—. Ni que los hubiéramos mandado a la guerra.
—Es peor.
—¿Perdón?
—¡La escuela es peor! —exclamó Giyuu, mirándola con los ojos rojos de tanto llorar—. Al menos en una batalla sabes que el enemigo te atacará. En la escuela los niños pueden ser crueles, T/N. Pueden decirles cosas hirientes, ignorarlos... ¡¿Y si nuestros bebés están solitos en un rincón, tristes porque los extrañamos y no podemos estar ahí para abrazarlos?!
T/N suspiró y lo abrazó con fuerza, acariciando su espalda.
—Mi amor, ellos están bien. Les enseñamos a ser fuertes y amados, no tienes que preocuparte tanto.
—Pero yo los extraño mucho...
—Yo también, pero estarán de vuelta en la tarde. En cuanto lleguen a casa, correrán a abrazarte.
—¿Tú crees? —preguntó él con ojos brillantes.
—Por supuesto. Eres su papá favorito.
Eso pareció calmarlo un poco. Al menos por unas horas. Pero a la hora del almuerzo, cuando vio que había dos sillas vacías en la mesa, volvió a llorar.
—¡No puedo con este vacío en mi corazón!
—Dios mío, Giyuu, ya basta —dijo T/N llevándose una mano a la cara—. Pareces embarazado en lugar de mí.
Ese comentario la hizo fruncir el ceño. Espera... Espera un momento.
Desde hacía un tiempo, su esposo tenía los mismos síntomas que ella. Llanto repentino, antojos raros, cambios de humor extremos...
—Oh no...
—¿Qué pasa? —preguntó Giyuu, limpiándose los ojos con la manga.
—Giyuu... creo que estás teniendo embarazo simpático.
Él parpadeó, confundido.
—¿Embarazo qué?
—Embarazo simpático. ¡Es cuando la pareja siente los síntomas del embarazo junto con la esposa! —explicó T/N, mirando a su esposo con ojos sorprendidos—. Todo tiene sentido. Tu sensibilidad extrema, tus antojos raros, tu apego emocional... ¡Tú estás más embarazado que yo!
—Eso no es posible —negó él, cruzándose de brazos.
—Oh, ¿no? Entonces explícame por qué ayer a las dos de la mañana te vi comiendo arroz con miel y salsa de soya.
—...
—Y por qué antes de ayer te enojaste conmigo porque "respiraba demasiado fuerte".
—...
—Y por qué cada noche lloras porque dices que "sientes que el bebé te ama más a ti que a mí".
Giyuu abrió la boca, pero no encontró palabras para defenderse. Finalmente, se dejó caer en el futón y se tapó la cara con una almohada.
—Voy a morir de vergüenza...
—Oh, mi amor —T/N rió y se acostó a su lado, abrazándolo—. No te preocupes, todo esto demuestra cuánto nos amas. Eres el mejor padre y esposo del mundo.
—¿De verdad? —murmuró él, mirándola con ojitos brillantes.
—Por supuesto. Y cuando los mellizos lleguen a casa, les contaré que papá llora por ellos todo el día y los extraña demasiado.
—¡No hagas eso! ¡Me quitarán la poca dignidad que me queda!
T/N no pudo evitar soltar una carcajada mientras lo mimaba y acariciaba. Por mucho que a veces exagerara, amaba a su esposo exactamente así como era.
Y, conociéndolo, estaba segura de que cuando el nuevo bebé llegara, él sería igual de exagerado, sensible y adorable.
Definitivamente, Giyuu Tomioka era el papá más dramático del mundo... y ella lo amaba con todo su corazón.
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