48

951 119 26
                                        

Diciembre 20, 2008

—Hola.— Marbella saludó a doña Alejandrina. —Pase, pase.

—Gracias, hija.

—No quiere comer? Apenas voy almorzar.

—No gracias, apenas comí.

—No me acompaña?

—Bueno, no mas para que no comas sola.

—Vengase.— Marbella río.

Ambas caminaron hacia la cocina donde Netty estaba terminando de hacer la comida.

—Buenas tardes señora.

—Buenas muchacha.— doña Alejandrina sonrió. —Has hablado con Alfredo?

—Eh, no.— negó. —Ayer me llamó pero no hablamos mucho.

—Apenas hable con el, dice que regresan mañana.

—Ah, que bien.

Desde esa noche Marbella y Alfredo no habían tenido chance de tocar el tema. A Alfredo se le vinieron encima varios negocios y ya casi no veía a Marbella ni a su hija.

—Y la niña?— Doña Alejandrina preguntó.

—Durmiendo.

—Es bien dormilona, igualita que su padre.— río.

—Ajá, ahorita que no está el duerme todo el día. Ah pero no mas lo escucha y luego luego se despierta y no duerme si no es junto el.

—Ay mi niña.— doña Alejandrina sonrió con ternura. —Puedo subir a verla?

—Si, claro, adelante.

Doña Alejandrina subió arriba mientras Marbella sonrió al ver lo emocionada que estaba al ver su nieta.

—Ya le sirvo?— Netty preguntó.

—Si por favor.

Netty empezó a servir los platos mientras Marbella la ayudaba poner la mesa.

—No sabe cuando regresa el patrón?— Netty pregunto, poniendo los platos.

—Creo que mañana.

—Bueno mañana le preparo los chilaquiles que tanto le gustan, usted quiere que cocine otro platillo?

—No, mejor hágale los chilaquiles.

—Bueno.— asintió con una sonrisa.

—Sabe que? Haga los chilaquiles y todos los platillos favoritos de el. Ahorita que baje mi suegra..

—Marbella!— Doña Alejandrina gritó.

Marbella inmediatamente se levantó y salió corriendo al igual que Netty.

—Que pasa?— pregunto cuando se topó con ella en las escaleras.

—La niña no está respirando!

—Que! Como que no está respirando!— gritó y le arrebató a su hija.

—Oscar!— Doña Alejandrina gritó por el panu.

Mientras Marbella entraba en pánico sin saber qué hacer, doña Alejandrina salió corriendo gritando.

—Cielito, despierta mi vida.— susurró mientras la movía ligeramente.

Estaba muy fría y más pálida de lo normal. Marbella se la acurrucó hacia su pecho para darle calor.

—Vámonos!— doña Alejandrina gritó.

Inviable - jagsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora