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—Marbella, tienes que comer.— doña Alejandrina dijo pero Marbella solo negó. —Te puede hacer daño.

—No tengo hambre.

—En estos días no has comido casi nada.. te vas a morir de hambre, niña.

Es lo que quiero, Marbella pensó.

—Mira..— doña Alejandrina soltó un suspiró. —Y-Yo no entiendo el dolor de perder un hijo y no me lo p-puedo imaginar, pero creo que estás siendo muy egoísta.— su voz se quebró. —Tu no eres la única que está sufriendo, también Alfredo porque también fue su hija.. yo veo que el te consuela a ti pero quien lo consuela el?

Marbella negó levemente mientras pequeñas lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.

—Yo te apareció mucho Marbella y te he llegado a querer por lo feliz que has hecho a mi Jesús y también por la bendición que nos diste.. pero así como Alfredo está atento de ti, tu también debes de ser así con el porque los dos están pasando por un momento muy difícil..— sus lágrimas empezaron a correr. —Mi niño no tiene porque irse a esconder a las caballerías a llorar.

Marbella se giró a la pared y comenzó a llorar en silencio mientras se cubría con la cobija.

—Seguro no te importa lo que te digo, verdad.. pero te pido que por favor, no lo dejes solo, el te necesita, los dos se necesitan.

Doña Alejandrina limpio sus lágrimas y dejó el plato de comida en la mesita. Se puso de pie y caminó hacia la puerta.

—Te dejo el plato por si decides comer y si necesitas algo, estamos abajo.— doña Alejandrina dijo antes de salir.

Al escuchar que cerró la puerta, Marbella dejó escapar un suspiro tembloroso tratando de calmarse pero solo empeoró su llanto.

Ella entendía a doña Alejandrina y quería consolar Alfredo pero no podía. No podía consolar Alfredo como el la ha consolado a ella.

Pues su mundo estaba hecho pedazos y no había manera de poder reconstruirlo sin su hija.

Mientras Marbella seguía encerrada en la habitación, doña Alejandrina se sentaba en su sala junto a su hija.

Ambas se sentaban en silencio mirando el árbol de navidad que habían puesto desde noviembre por petición de Ale.

—Alfredo todavía no ha llegado?— Ale rompió el silencio.

—No, todavía no llega.. dijo que llegaría antes de las 12 pero no hay señal de el.

—No le habrá pasado algo?— Ale pregunto.

—No digas eso, ni lo pienses!

Ale soltó un suspiró y se cruzó de brazos. —Que navidad tan triste.. más triste que las anteriores.. Que maldición tenemos, ama? Esta es la primera navidad que pasamos con Iván fuera de la cárcel y este ha sido el peor año.

—Pues si hija, pero que podemos hacer?— doña Alejandrina limpio sus lágrimas.

—Primero Edgar y ahora Cielito? Ya no mas falta que le pase algo a mi apá, o a usted..

—Ya deja de decir pendejadas, Alejandra.

—Es que no es justo.— Ale rompió en llanto. —Si dios es puro amor, porque nos quita a nuestros seres queridos?

—Dios sabe porque hace las cosas. Solo el sabe porque se llevó a tu hermano y a la pequeña..

—Es que no entiendo.— Ale soltó un suspiro tembloroso.

Doña Alejandrina había abierto la boca para decir algo pero la puerta se abrió, llamando su atención. Era Iván con su papá detrás.

Ale limpio sus lágrimas de inmediato y sonrió al ver su papá.

Inviable - jagsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora