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Ryujin conducía su auto por las calles iluminadas tenuemente por el atardecer

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Ryujin conducía su auto por las calles iluminadas tenuemente por el atardecer. El aire era fresco, pero su mente estaba encendida de preocupación. Había algo extraño en la forma en que Yeji había hablado por teléfono, algo que no cuadraba. Cuando giró en la esquina donde Yeji le había indicado, su corazón dio un vuelco al verla.

Estaba sentada en un bordillo, abrazándose las rodillas mientras las lágrimas corrían por su rostro. Parecía pequeña, frágil, completamente devastada. Ryujin frenó de golpe y salió del auto, dejando la puerta abierta mientras corría hacia ella.

—¡Yeji! —gritó alarmada, arrodillándose frente a ella—. ¿Qué pasó? ¿Estás bien? ¿Te pasó algo, amor? ¡Dime, por favor!

Yeji alzó la mirada, pero las palabras se atoraron en su garganta. Solo pudo repetir entre sollozos:

—Lo siento... lo siento tanto, Ryu...

Ryujin frunció el ceño, confundida y más preocupada que nunca.

—¿Por qué me estás pidiendo perdón? ¿Qué es lo que pasa, Yeji? —le sujetó las manos temblorosas—. ¿Estás herida?

—No, no estoy herida —susurró, sacudiendo la cabeza, pero las lágrimas seguían cayendo.

Shin respiró profundamente, tratando de no entrar en pánico. La ayudó a ponerse de pie y la llevó al auto con cuidado. Abrió la puerta del copiloto y, con suavidad, la acomodó en el asiento.

—Espérame aquí.

Dio la vuelta al auto y se metió al asiento del conductor. Cerró la puerta, pero no arrancó. En lugar de eso, giró el cuerpo hacia Yeji, quien aún estaba llorando, mirando sus manos como si fueran lo único en el mundo. Ryujin tomó una de sus manos y la apretó con fuerza.

—Amor, por favor, mírame.

Yeji alzó la vista con esfuerzo. Su rostro estaba húmedo por las lágrimas, y sus ojos rojos delataban cuánto había llorado.

—¿Qué pasó, Yeddeong? No me estás diciendo nada, y me estoy volviendo loca de la preocupación. Dijiste que ibas a una cafetería, pero no veo ninguna por aquí, ¿y dónde está Lia?

La mayor intentó hablar, pero su voz se quebró. Ryujin suspiró y se inclinó hacia ella, besando suavemente su cara, primero su mandíbula, luego su mejilla, y al final sus labios, intentando que sus besos transmitieran el consuelo necesario que sus palabras no podían.

Poco a poco, Yeji comenzó a calmarse, aunque aún respiraba con dificultad.

—No fui con Lia —confesó de repente, rompiendo el silencio con una voz apenas audible.

Ryujin parpadeó, boquiabierta.

—¿Q-Qué? Entonces... ¿dónde estuviste? ¿con quién?

Yeji tomó aire profundamente y comenzó a explicar. Estaba nerviosa y su voz temblaba.

best friend | ryejiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora