Desde la primera vez que se conocieron, Ryujin y Yeji han sido inseparables, pasando la mayor parte del tiempo juntas. Pero justo cuando todo parecía ir perfecto, sus vidas cambiarán cuando Ryujin se vea obligada a mudarse a otro país, donde se dará...
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El gimnasio resonaba con el sonido de los balones rebotando y las zapatillas chirriando contra el suelo. La práctica de baloncesto estaba en pleno apogeo, y Ryujin corría con determinación, concentrada en el juego.
Todo iba bien hasta que, en un mal paso, tropezó y cayó torpemente al suelo, dejando escapar un gemido de dolor mientras se sujetaba el tobillo.
—¡Ryujin! —exclamó Shuhua, corriendo hacia ella de inmediato. Se arrodilló a su lado, preocupada—. ¿Estás bien? ¿Qué pasó?
—¿Todo bien aquí? —preguntó el maestro encargado y luego se alarmó al ver a su alumna herida—. ¡¿Que pasó, señorita Shin?!
Ryujin hizo una mueca mientras intentaba moverse.
—Creo que me torcí el tobillo... me duele mucho.
De repente todos los demás alumnos empezaron a acercarse a la escena, pero el maestro terminó cancelando la práctica porque los demás no dejaban de querer ver que había pasado.
—Señorita Yeh, ¿puede encargarse de la señorita Shin? Yo necesito ir a ver a los demás alumnos que al parecer no quieren abandonar la cancha.
La nombrada asintió.
—No se preocupe, profesor.
—Bien —y entoces se dirigió a Shin por última vez—. Si es necesario, tómate un descanso para que descanses. Tu salud es primero —Ryujin asintió, y con eso el profesor se fue.
Shuhua frunció el ceño, mirando el tobillo hinchado de su amiga.
—Tenemos que llevarte a que te revisen. Voy a llamar a Chaeryeong, ¿de acuerdo?
Ryujin asintió, tratando de aguantar el dolor. Shuhua sacó su teléfono y marcó rápidamente el número de Lee, pero tras unos cuantos tonos, la llamada fue directo al buzón de voz. Lo intentó una vez más, pero el resultado fue el mismo.
—No contesta —suspiró, mirando a Ryujin—. ¿Qué hacemos?
—Mmm... —respiró hondo, pensando rápidamente—. Usa mi teléfono. Busca en los contactos y llama a Yeji, ¿vale? Sé que ella vendrá.
Shuhua asintió y tomó el teléfono de Ryujin, deslizando la pantalla para desbloquearlo. Abrió la lista de contactos y comenzó a buscar el nombre de la chica, sin embargo no encontró nada bajo ese nombre.
—No veo a nadie llamado 'Yeji' en tu lista de contactos...
Ryujin dejó escapar una ligera carcajada a pesar del dolor.
—Ah, claro... búscala como 'Yeye'.
Shuhua levantó una ceja, divertida y curiosa.
—¿Yeye? —preguntó, riendo un poco—. ¿Por qué la tienes guardada así?
—Es un apodo —sonrió débilmente—. Desde que éramos niñas le empecé a decir así... es una historia larga. Pero ya, llámala, me estoy muriendo del dolor aquí.