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—Y luego, el profesor me miró como si hubiera dicho la cosa más estúpida del mundo —se quejó Lia, dándole un sorbo a su bebida—

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—Y luego, el profesor me miró como si hubiera dicho la cosa más estúpida del mundo —se quejó Lia, dándole un sorbo a su bebida—. No es mi culpa que no todos entendamos su concepto de arte revolucionario.

Yuna rio con ganas, apoyando la cabeza en su mano.

—A lo mejor solo le gusta hacerte sufrir. Tal vez te tiene en la mira.

—Lo peor es que ni siquiera me odia, solo le gusta hablar como si todos entendiéramos exactamente qué quiere decir.

Yeji las escuchaba, aunque su mente divagaba un poco. Se encontraba sentada en una de las mesas de la cafetería de la facultad junto a Yuna y Lia, moviendo la cuchara dentro de su vaso de café sin mucho ánimo, aunque en su rostro aún se mantenía una sonrisa serena.

Pensó en cómo sería si Ryujin estuviera allí con ellas, probablemente burlándose de la queja de Lia o haciendo alguna broma sobre lo mucho que ella se estresaba con la escuela. Era inevitable que su mente volviera divagar sobre ella, sobre todo porque últimamente todo había estado mejor, a comparación de días anteriores.

Aún así, Yeji no podía negar que extrañaba verla en persona, tocarla, abrazarla, besarla.

Su contacto físico era algo que le hacía falta más de lo que quería admitir.

Justo en ese momento, sintió una presencia detrás de ella y Yuna, pero antes de que pudiera reaccionar, vio a Chaeryeong inclinarse y susurrarle algo al oído de su novia con tono dulce y meloso:

—Hola, mi amor.

El cuerpo de la menor se estremeció con una sonrisa de inmediato. Su rostro se iluminó y, sin pensarlo dos veces, giró sobre su asiento para mirar a la chica con ojos brillantes y emocionados.

—¡Chaer! —exclamó, tomándola de la mano.

Chaeryeong le devolvió la sonrisa y se inclinó un poco para rozar su nariz con la de Yuna en un gesto cariñoso.

—¿Cómo está mi preciosa artista?

Yuna se rio, negando con la cabeza.

—Deja de ser tan cursi.

—Jamás.

Yeji observó la escena con una sonrisa automática, pero conforme los segundos pasaron, sintió un pequeño peso en el pecho. Bajó un poco la mirada, sintiendo una punzada de nostalgia.

Esa escena... le recordó demasiado a Ryujin.

A todas esas veces en las que su novia la encontraba en los pasillos de la facultad y la sorprendía abrazándola por la espalda, apoyando la barbilla en su hombro y murmurándole cosas cursis. Esos pequeños momentos que parecían tan cotidianos antes, pero que ahora le hacían sentir un vacío.

Las veía juntas y, aunque no quería admitirlo, sintió envidia. No una envidia negativa, sino una que nacía del deseo de poder tener a Ryujin así de cerca, de poder recibir esos pequeños gestos de amor en persona y no a través de una pantalla o mensaje.

best friend | ryejiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora