Desde la primera vez que se conocieron, Ryujin y Yeji han sido inseparables, pasando la mayor parte del tiempo juntas. Pero justo cuando todo parecía ir perfecto, sus vidas cambiarán cuando Ryujin se vea obligada a mudarse a otro país, donde se dará...
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—¿Es esto a lo que no le entiendes?
Yunjin afirmó con la cabeza.
—Sí... ¿no es confuso? No entendí nada de lo que dijo el profesor.
—Ah, pero es muy fácil. Mira —Ryujin empezó a enseñarle paso a paso lo que debía hacer—. ¿Entiendes ahora?
—No —negó—. No lo comprendo... —miró a Seungwan—. ¿Tú también le entiendes?
La chica asintió.
—Como dice Ryujin: es muy fácil. Yunjin, ¿siquiera pusiste atención a lo que dijo el profesor?
—Te dije que no lo entendí.
—Eso o te quedaste dormida a media explicación —bromeó Shin.
Yunjin rascó su nuca.
—Ah... Bueno...
—Oh, entonces es cierto —quiso reír Seungwan, a lo que Ryujin soltó una carcajada.
—Me suele pasar. No te preocupes, Yunjin.
—Bueno, ¿pero me van a explicar? —dijo Huh, señalando sus apuntes y tarea. Sus amigas asintieron, volviendo a lo que habían venido.
Estaban sentadas en la biblioteca, no hacía mucho que habían llegado. A decir verdad, Yunjin se las ingenió para convencerlas de ayudarla, ya que éstas no quisieron acceder tan fácilmente. Huh tenía dudas en hacer el ejercicio de contrapunto que le habían dejado, y aunque ninguna compartía esa clase juntas, tenían la misma materia y no había problema.
—¿Ya entiendes? —preguntó Seungwan después de explicarle.
—Un poco... Pero sigo con dudas.
Seungwan miró a Ryujin, pidiendo su ayuda discretamente.
—Yunjin, solo tienes que cuidar de los intervalos y notas. Intenta que no haya disonancias en tiempos fuertes; no es tan difícil —le dijo.
La chica rodó los ojos, haciendo un intento por entender, sin embargo, mientras Ryujin intentaba explicarle con toda la paciencia del mundo, su celular vibró sobre la mesa, aunque ella no lo notó de inmediato.
—¿Ya?
—Creo que sí. Déjame intentarlo.
Ryujin cruzó sus brazos, monitoreando cada movimiento de Yunjin. Miró a Seungwan y se encogió de hombros.
—Listo. ¿Quién lo revisa?
Shin iba a ofrecerse, pero entonces su celular volvió a vibrar, esta vez captando su atención. Ella frunció el ceño, mirando a la pantalla.