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No podía concentrarse del todo en clases

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No podía concentrarse del todo en clases. Había algo en la forma en que todos la miraban, unos pocos con lástima, otros con curiosidad. Simplemente no podía quitárselo de la cabeza.

Incluso durante las notas prácticas, su atención divagaba entre lo que decían los profesores y su tobillo vendado. Cuando el último maestro dio por terminada la clase, sintió un extraño alivio, aunque también una pesada anticipación por el trayecto de regreso a su dormitorio.

Con las muletas bajo el brazo, salió del edificio de su facultad. Su dormitorio no estaba lejos, pero la idea de enfrentarse a las escaleras hizo que se le formara un nudo en el estómago. Claro, podría usar el elevador, por supuesto. Pero eso la hacía sentirse débil, como si estuviera rindiéndose a algo que no quería aceptar.

—No soy débil —murmuró para sí, llegando al pie de las escaleras.

Respiró hondo, ajustando las muletas y enfocándose en el primer escalón.

Parecía una tarea sencilla, pero la realidad golpeó tan pronto como intentó levantar su peso. Su tobillo, que en realidad no estaba tan grave como parecía, la hacía sentir punzadas de dolor cada vez que intentaba apoyar el pie sano para estabilizarse.

El sudor comenzó a acumularse en su frente, y tras varios intentos fallidos, se sentó frustrada con el primer escalón.

—Mierda, ¿por qué tiene que ser tan difícil? Lo logré estando con Yeji —masculló entre dientes, mirando el tramo interminable de escaleras que le quedaba por subir.

Un recuerdo fugaz cruzó por su mente: su antiguo dormitorio. Si todavía estuviera allí, eso sería una pesadilla aún mayor.

Suerte que me mudé a lado de mi novia.

Aquello lo pensó con sarcasmo, aunque eso no ayudaba a calmar su frustración.

—¿Ryujin? —una voz conocida la sacó de sus pensamientos.

Levantó su mirada. Ahí estaban Chaeryeong y Yuna, bajando juntas de las manos por las escaleras que ella quería subir.

La expresión preocupada de Lee contrastaba con la sorpresa de Yuna al verla en esa posición.

—¿Estás bien? —preguntó, adelantándose hacia ella.

Ryujin se incorporó rápidamente, como si quisiera ocultar su vulnerabilidad.

—Estoy bien, puedo hacerlo sola.

—Ryu, apenas has subido un escalón. No tiene nada de malo que te ayudemos, ¿verdad, Yuna? —dijo, girándose hacia su novia en busca de apoyo.

—Por supuesto —respondió esta, con una sonrisa tranquilizadora—. Déjanos echarte una mano.

Ryujin negó con la cabeza, tensa.

best friend | ryejiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora