Desde la primera vez que se conocieron, Ryujin y Yeji han sido inseparables, pasando la mayor parte del tiempo juntas. Pero justo cuando todo parecía ir perfecto, sus vidas cambiarán cuando Ryujin se vea obligada a mudarse a otro país, donde se dará...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
—¿Estás seguro de que es aquí?
—¿No confías en mí? Conozco todos los lugares de esta universidad como la punta de mi mano, Ryujin.
—Me dijiste que nunca estuviste en los dormitorios, y tampoco lo haces ahora.
Jay rodó los ojos.
—Tengo amigos a los que visito a veces, Ryujin.
La chica entrecerró los ojos, pero no dijo nada. Siguieron caminando hasta que llegaron a la puerta del dormitorio que le habían asignado a Shin.
—¿Ves? Conozco este lugar —el chico sonrió, orgulloso.
—Mm, claro —agarró la tarjeta que le habían dado y la puso en el sensor, haciendo que la puerta pudiera abrirse—. ¿Vas a quedarte un rato o vas a irte?
El chico negó, sonriendo amablemente.
—Tengo que irme, aunque sé que eso es un alivio para ti. Comprendo que te pueda ser incómodo pasar tiempo a mi lado, y no quiero causar eso.
Ryujin asintió, a punto de cerrar la puerta.
—Entonces nos vemos después, supongo.
—Claro. Recuerda que, si necesitas cualquier cosa, puedes llamarme —se inclinó un poco, haciendo una reverencia—. Nos vemos, Shin.
La chica vio a Jay desaparecer, cerrando la puerta cuando no hubo rastros de él.
En realidad, no le caía mal, aunque era cierto que a veces era incómodo estar a su lado, pero nada que no pueda soportar. Jay le había contado que estudiaba arquitectura, y eso estaba bastante lejos entre la facultad a la que acudía Ryujin, razón por la que acordaron solo llegar a verse cuando fuera urgente, y también porque lo sugirió Shin.
Apenas había sido su segundo día estando en Estados Unidos y aún no se acostumbraba a tales cambios. Ni siquiera había ido a sus clases, pero se dijo a sí misma que lo haría mañana.
Volteó a ver a su alrededor, mostrando el nuevo lugar donde pasaría sus días. A decir verdad, era más grande y acogedor que los dormitorios en Corea, pero, aun así, extrañaba estar ahí. Dolería ver que cuando saliera y viera el dormitorio de al lado, no estaría Yeji ahí, sino, un desconocido.
Suspiró brevemente, empezando a desempacar sus maletas. El día apenas iniciaba, pero ya quería que acabara.
Tardó en acomodar todo lo más decente posible, pero cuando terminó, se dejó caer sobre la cama, soltando un largo suspiro.
Todo esto se sentía irreal, como si en cualquier momento fuera a despertar en su antiguo dormitorio en Corea y Yeji la estuviera esperando afuera, insistiendo en que salieran a comprar algo para comer. Pero no, ahora estaba sola en un país extraño, con un futuro incierto y un corazón que parecía haberse quedado al otro lado del océano.