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Cada paso que daba se sentía más pesado que el anterior

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Cada paso que daba se sentía más pesado que el anterior. Aunque no traía demasiadas maletas, parecían difíciles de cargar. No solo por el peso físico, sino por todo lo que aquello implicaba dejar atrás. Sus manos temblaban al sujetarlas, sus nudillos estaban pálidos por la presión que las sostenía. El frío de la noche se colaba en sus huesos, pero nada se comparaba con el vacío que sentía en el pecho.

Suspiró.

Sus lágrimas seguían cayendo, una tras otra, silenciosas pero constantes. No hacía esfuerzo por detenerlas. No tenía sentido hacerlo. Se había prometido ser fuerte, pero ¿cómo se suponía que lo fuera cuando su mundo entero se desmoronaba?

Yeji.

Ella era lo único en lo que podía pensar.

Seguro estaba más destrozada que lo que ella estaba, y eso le dolía más de lo que podía expresar. La imagen de su novia llorando cuando se dijeron adiós por última vez estaba plasmada en su mente, como una cicatriz, difícil de sacar.

Apretó la mandíbula, obligándose a avanzar. Cada metro que se alejaba de los pasillos universitarios que alguna vez piso con Yeji, era una puñalada más. Solían transitar juntas, de la mano, todo ese tramo, solo para llegar a su dormitorio, donde alguna vez rieron, platicaron, y se besaron.

No miró atrás. No podía. Sabía que, si lo hacía, sus piernas fallarían y correría de vuelta a los brazos de Hwang, sin importarle nada. Y sabía que no podía hacerlo. No cuando su madre ya había decidido su destino por ella.

Luego de un rato, llegó hasta la entrada de la universidad, donde cruzó la calle hacia la avenida principal. A esa hora, siendo un domingo, la ciudad dormía, el tráfico era escaso y el silencio solo hacía que su mente gritara más fuerte.

Alzó la mano para detener un taxi, y en cuanto uno se detuvo frente a ella, respiró hondo, recogiendo los pedazos que le quedaban de su cordura.

—¿A dónde, señorita? —preguntó el chofer, mirándola por el retrovisor.

Tragó saliva antes de responder.

—Hasta Incheon. Yo le paso la dirección exacta, no se preocupe —su voz salió más rota de lo que esperaba. Buscó en su teléfono la dirección de la casa de sus padres y se la mostró al taxista.

El viaje fue un tormentosamente silencioso. Miró por la ventana, viendo las luces de la ciudad pasar con indiferencia. Todo seguía igual, pero para ella, el mundo ya no tenía el mismo color que antes.

Apoyó la frente sobre el vidrio frío, sintiendo cómo el peso de la tristeza se hacía insoportable. Aún le dolía haberse despedido de Yeji, le ardía ese recuerdo. Sus labios aún temblaban por el beso desesperado que compartieron momentos antes de separarse.

Maldición.

Cerró los ojos, deseando que todo fuera una pesadilla de la que despertaría pronto.

best friend | ryejiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora