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Abrió la puerta con rabia, frunciendo el ceño y mirando alrededor de la tienda

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Abrió la puerta con rabia, frunciendo el ceño y mirando alrededor de la tienda.

Iba a matar a ese maldito.

Ni siquiera esperó a acomodar sus cosas o a ponerse completamente su delantal; su mirada lo localizó al fondo del local, revisando algunas cajas de inventario. Sus pasos fueron decididos, en su mirada había enojo y nada más.

Antes de que pudiera pensar en retroceder, ya estaba de pie frente a él.

—¿Qué derecho tenías de llamarme? —soltó, sin molestarse en bajar el tono de voz.

Yeonjun, sorprendido al principio, alzó las cejas y luego se inclinó un poco hacia ella, con una expresión que combinaba diversión y desconcierto.

—¿De qué hablas?

—Sabes perfectamente de qué hablo —Yeji apretó los puños, tratando de contener su enojo—. ¿Por qué me llamaste? ¿Qué querías?

Choi se cruzó de brazos, apoyándose casualmente contra el mostrador cercano.

—Solo quería hablar. ¿No puedo hacerlo?

—No. No puedes —la respuesta de Yeji fue rápida, cortante. Su tono estaba lleno de indignación—. No tienes derecho a llamarme, y menos fuera del trabajo. ¿No recuerdas que te dije que sólo somos compañeros y nada más?

El chico suspiró, alzando las manos como si quisiera calmarla.

—Tranquila, Yeji. No fue para tanto.

Pero ella lo miró con incredulidad antes de negar con la cabeza, dándose la vuelta. No valía la pena seguir discutiendo.

El resto del día fue incómodo, al menos para ella. Se quedó en la caja registradora, atendiendo a los clientes con una sonrisa forzada mientras Yeonjun, detrás de ella, no dejaba de intentar entablar conversación.

—Oye, ¿siempre tienes esa expresión tan seria? No conocía eso de ti.

La miró, intentando llamar su atención.

—¿En serio no me vas a hablar?

Puso sus manos frente a ella, pero Hwang solo se volteó.

—Vamos, Yeji. Ni que fuera para tanto.

Y así, una y otra vez.

No dejaba de callarse.

Al principio, Yeji optó por ignorarlo, apretando la mandíbula cada vez que escuchaba su voz. Era tan descarado que incluso cuando tenía clientes que atender, no dejaba de llamarle la atención.

—¿Y sabes por qué es injusto que, a pesar de tener los mismos horarios, tengo que llegar media hora antes? ¡Porque la gerente me dio las llaves y tengo que asegurarme de que la tienda esté bien antes de abrir! ¿No crees que es injusto, Yeji? Al menos me pagan extra.

best friend | ryejiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora