Desde la primera vez que se conocieron, Ryujin y Yeji han sido inseparables, pasando la mayor parte del tiempo juntas. Pero justo cuando todo parecía ir perfecto, sus vidas cambiarán cuando Ryujin se vea obligada a mudarse a otro país, donde se dará...
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Los labios de Karina estaban sobre los suyos.
Ryujin no se inmutó.
Por cinco segundos, su cuerpo entero quedó en un estado de parálisis total. Su mente se apagó, como si la golpeara un muro invisible que le impedía reaccionar. Solo sintió el calor ajeno, la forma en que los labios de Karina encajaban con los suyos, la forma en que su cuerpo estaba atrapado entre la pared y la presencia de la otra chica.
Pero luego, la realidad la golpeó con fuerza.
No.
No estaba bien.
Nada de esto estaba bien.
De un empujón, apartó a Karina de su lado, respirando con pesadez, sintiendo su corazón desbocado entre su pecho.
—¿Qué demonios...? —susurró, tocándose los labios con los dedos, como si no creyera lo que acababa de pasar.
Karina la miró con sorpresa, pero no parecía arrepentida. Al contrario, su mirada reflejaba una mezcla de emociones: deseo, nervios, esperanza.
—Ryujin...
Pero Ryujin dio un paso atrás, sacudiendo la cabeza. Su mente iba a mil por hora.
No debió unirse al equipo de baloncesto. Si no lo hubiera hecho, nada de esto habría pasado. Nada. No habría conocido a Karina, no habría discutido con Yeji sobre la "chica de la foto" y ella, Yeji no hubiera creído que la engañaba, no habría terminado con Yeji, no habría venido a esta maldita fiesta, no habría estado en esta situación, no habría sabido cómo se sentían los labios de Karina.
Todo era culpa de Yunjin.
Ella la que la convenció de unirse.
Si no lo hubiera hecho, si no la hubiera animado a ello, nada de esto estaría pasando.
Maldita sea... ¿Y Yeji?
Su exnovia. Su mejor amiga. La persona a la que más había amado en toda su vida.
No estaban juntas, es cierto, no estaban juntas, pero... ¿eso hacía que esto estuviera bien? Había besado a otra persona.
O mejor dicho... Karina la había besado.
Pero lo había permitido por unos segundos. Y eso era suficiente para que el sentimiento de culpa la aplastara.
Mierda...
Cerró los ojos con fuerza, como si eso pudiera hacer desaparecer el ardor en su pecho. Cuando los abrió de nuevo, Karina estaba acercándose de nuevo a ella, con cautela, como si temiera que se alejara otra vez.
—Ryu, no te alejes... —susurró, estirando la mano hacia ella.
Pero Ryujin no iba a dejar que volviera a tocarla.