Desde la primera vez que se conocieron, Ryujin y Yeji han sido inseparables, pasando la mayor parte del tiempo juntas. Pero justo cuando todo parecía ir perfecto, sus vidas cambiarán cuando Ryujin se vea obligada a mudarse a otro país, donde se dará...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La habitación de Yeji parecía más cálida que las otras, quizá era la forma en que los rayos del atardecer entraban por la ventana, tiñendo las paredes blancas de un tono anaranjado, o tal vez era simplemente que Ryujin estaba allí, sentada como cada tarde en la silla al lado de su camilla, con una pierna cruzada y un termo de café medio frío apoyado en la rodilla.
—Hoy no trajiste regalo —se quejó Hwang con una sonrisa perezosa, girando la cabeza hacia ella.
—Te estás acostumbrando mucho a mis visitas —respondió, fingiendo indignación—. Si empiezo a traer regalos diarios, los extrañarás cuando te den de alta.
—Quizá los extrañe igual, aunque no los traigas, ¿sabes?
Ryujin bajó la mirada mientras sonreía discretamente.
A pesar de que hay perdidos los recuerdos, sigue teniendo el mismo carisma...
—¿Te conté cómo nos conocimos? —preguntó en voz baja, con una sonrisa nostálgica.
Yeji negó suavemente mientras tenía la mirada fija en ella.
—Fue en preescolar, el primer día. Teníamos tres años —empezó, apoyando los codos en sus rodillas—. Estábamos en el salón con varios juguetes. Ninguna de las dos tenía a alguien con quien jugar, pero luego apareciste tú, ofreciéndome una muñeca para jugar contigo y acepté. Pudo ser algo casual, pero terminamos hablando sobre nuestra caricatura favorita, y como era la misma, nos hicimos amigas —al final rio, sintiendo la nostalgia de aquel momento que, a decir verdad, estaba algo borroso, pero recordaba detalles.
Oyó a Yeji reír de forma baja, lo cual la hizo esbozar una pequeña sonrisa.
—¿Por una caricatura?
—Afirmativo. Y, a decir verdad, en ese entonces no conocía el significado de amistad, pero tú fuiste quien me lo demostró, por primera vez. Fuiste mi primera amiga, Yeji, y después de eso, no te despegaste nunca más de mí.
—Suena a que todo estaba bien entre nosotras, Ryujin.
—Bueno... —suspiró—. Me fui a Estados Unidos cuando teníamos once —bajó la voz, tratando de evitar la mirada confusa de la mayor—. El trabajo de mi papá nos obligó a mudarnos y fue horrible. Extrañaba todo, pero, sobre todo, te extrañaba a ti. No me gustaba la escuela, porque no me sentía parte de nada, aunque tuve amigos, pero... tú eras mi única casa —se tomó un momento para continuar—. Me costó años entender por qué dolía tanto estar tan lejos. Yo... Yo me di cuenta que me gustaban las chicas y... y también que me gustabas tú. Pasé seis años de mi vida en otro país, otro continente, extrañándote.
Yeji no supo qué decir, pero su mano temblorosa se deslizó hasta rozar la de Ryujin.