Desde la primera vez que se conocieron, Ryujin y Yeji han sido inseparables, pasando la mayor parte del tiempo juntas. Pero justo cuando todo parecía ir perfecto, sus vidas cambiarán cuando Ryujin se vea obligada a mudarse a otro país, donde se dará...
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Le dolía.
Le dolía bastante.
Además, el suelo estaba demasiado frío.
Rio amargadamente, aún tirado en la banqueta, con el cuerpo adolorido y el orgullo destrozado.
El sabor metálico de la sangre invadía su boca; se pasó la lengua por el labio inferior y notó que estaba partido. Apretó los dientes mientras sus ojos seguían la silueta de Ryujin que se alejaba a paso firme hasta desaparecer entre la distancia.
La rabia le hervía en el pecho. Se levantó lentamente, sacudiéndose el polvo de la ropa y limpiando la suciedad de su rostro.
—Esto no se va a quedar así —murmuró entre dientes, apretando los puños con tanta fuerza que sus nudillos se pusieron blancos.
Mientras caminaba de regreso a su casa, las palabras de Ryujin resonaron en su cabeza:
"Deja a Yeji en paz".
"Ella es mi novia. Mía".
La idea de que ella, una simple chica, mejor amiga de Yeji —y novia, según sus propias palabras— se atreviera a humillarlo de esa manera lo llenaba de ira.
Y más porque había caminado hasta acá solo para eso: ser humillado. No se lo podía permitir.
—Si cree que puede ganarme, está muy equivocada...
Sabía que no podía enfrentarla físicamente de nuevo, pero había otras maneras de arruinarla.
Y justo en ese momento, una idea comenzó a formarse en su mente.
Sonrió.
(...)
Ryujin no podía evitar sonreír al recordar lo que había pasado recientemente. Aún iba al volante y le faltaba poco para llegar, ya le había avisado a su novia que iba de regreso, y Yeji no pudo evitar preguntarle acerca de lo que había pasado, tenía curiosidad, sin embargo, Ryujin insistió en que se lo diría al llegar.
Estaba emocionada por contarle, no lo iba a negar.
—¿Debería comprar algo para celebrar? —pensó para sí misma, parando cerca de un parque, donde a lo lejos vio a un señor vendiendo helados.
Espero no se derritan, aunque estoy cerca de la universidad.
Bajó de su auto, dirigiéndose al señor.
—Buenas tardes —dijo—. ¿Me da dos vasos medianos?
—Claro que sí, ¿de qué sabores serían? Tengo fresa, vainilla, chocolate y limón.
—Uno que sea de fresa y el otro de chocolate.
—En seguida, señorita.
El señor empezó a llenar los dos vasitos desechables con los sabores de helado correspondientes, no tardando mucho en hacerlo. Ryujin pagó y se fue con ellos al coche, poniéndolos con cuidado en el lugar del portavasos, asegurándose de que no se cayeran.