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—¡Nos vemos, Lia!

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—¡Nos vemos, Lia!

Dejó a su amiga en la puerta de su dormitorio, despidiéndose de ella con una sonrisa y dirigiéndose a la suya con una bolsa no tan grande donde tenía las cosas que compró.

Había recibido el mensaje de su novia, sonriendo instantáneamente al verlo; no dudó en contestar, avisando que iba de regreso.

Estaba feliz de poder ver a Ryujin luego de unas horas.

No tardó en llegar a su dormitorio, abriendo la puerta como normalmente hacía.

—Ryu, ¿sigues aquí? —canturreó con una sonrisa, pero su expresión se congeló en cuanto vio a la chica sentada en su cama.

Ryujin estaba ahí, sí. Pero no como la esperaba. Su postura era rígida, los hombros caídos, y en su rostro no había rastro de la sonrisa relajada que tanto amaba. Sus ojos estaban enrojecidos, su mirada perdida y su expresión... devastada.

Yeji sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—¿Ryujin? —preguntó con suavidad, cerrando la puerta detrás de ella.

Su novia no respondió, solo bajó la mirada, apretando las manos sobre sus rodillas. La respiración de Yeji se volvió un poco más pesada. Algo andaba mal. Muy mal. Dejó las bolsas a un lado, sin importarle nada más en ese momento, y se acercó con cautela.

—¿Qué pasa? —insistió, sentándose a su lado en la cama.

Ryujin negó lentamente con la cabeza, evitando su mirada. Yeji sintió una punzada de angustia en el pecho. Ryujin no era así. No se quedaba callada cuando algo la atormentaba. Si estaba así de retraída, significaba que lo que sea que la estuviera afectando era serio, incluso grave.

—Oye... —murmuró Yeji, dulcemente. Levantó una mano y la posó con cuidado sobre su mejilla, obligándola a mirarla—. Dímelo. Estoy aquí para escucharte, Ryuddaeng.

Los ojos de Ryujin brillaron con lágrimas contenidas y su labio inferior tembló. La dureza en su rostro se rompió, como si el simple contacto de Yeji hubiera desmoronado las barreras que intentaba levantar.

—Mi mamá... me llamó —susurró, ronca y frágil, en un hilo de voz.

Yeji parpadeó, procesando la información. Por alguna razón aquello no le encantó, y lo sabía, ya que aquello era mala señal. Como no, desde que la habían echado de casa, no habían vuelto a hablar. ¿Por qué su madre la llamaría ahora?

—¿Y qué te dijo? —preguntó con cautela, temiendo la respuesta. Por el estado de su novia, sabía que era malo.

Ryujin cerró los ojos, dejando escapar una respiración temblorosa. Cuando volvió a abrirlos, una lágrima rodó por su mejilla.

—Tengo que irme a Estados Unidos —susurró, y entonces, como si decirlo en voz alta lo hiciera más real, su cuerpo comenzó a temblar.

Yeji sintió que el aire abandonaba sus pulmones.

best friend | ryejiDonde viven las historias. Descúbrelo ahora