47

206 39 3
                                        

Luego de unas cuantas horas despertó.

Se llevó las manos a la garganta y comenzó a toser como reflejo, las lágrimas se filtraron ante la sensación del recuerdo asfixiante.

Le costó unos minutos tranquilizarse y enfocar su entorno y un par más para poder levantarse.

La oscuridad lo rodeaba, pero eso no le impidió caminar por el lugar hasta su cuarto.
Conocía toda la casa de memoria y no le hacía falta tener iluminación para moverse, había pasado por muchas situaciones parecidas en las que se veía recobrando el sentido a altas horas de la noche en el suelo de alguna habitación o sala de la casa tras una paliza por parte de su padre y no le quedaba de otra que llegar a su habitación sin prender luz alguna para evitar alterar a su padre de nueva cuenta o que su madre y su hermano se dieran cuenta.

Abrió la puerta de su cuarto e ingresó a pasos lentos y cuidadosos.

Su mano no se separó de su cuello y las lágrimas no dejaron de salir de sus ojos durante todo el camino.
Se dirigió a su cama y se recostó en cuanto estuvo cerca de ella, pasaron unos cuantos minutos antes de que el zumbido en el bolsillo de su pantalón captar su atención.

Dirigió su mano a el y lo sacó, recordando que lo tenía consigo todo ese tiempo; la pantalla se iluminó, vió la hora y frunció el ceño al ver una notificación de mensaje.

Era de Kiba, decidió ver que es lo que decía el mensaje.

* Hola, sé que es algo tarde, pero quería ver si nos podemos reunir el lunes en mi casa para las tutorías.

11:41 p.m.

La mano que no sostenía el celular se posó nuevamente en su cuello y tras pensarlo unos minutos más le respondió.

* Está bien.

11:45 p.m.

* ¿A las 4 está bien?

11:45 p.m.

* Sí.

11:46 p.m.

No le respondió nada más y apagó el celular, pudo sentir que bribaba una vez más antes de dejarlo en el mueble junto a su cama.

Se movió para poder cobijarse en sus cálidas mantas, se acurrucó de lado y cerró los ojos, tratando de no pensar en nada más y esperando que el sueño lo invada.

Se movió para poder cobijarse en sus cálidas mantas, se acurrucó de lado y cerró los ojos, tratando de no pensar en nada más y esperando que el sueño lo invada

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Apenas ayer se había ido Mikoto, y Fugaku no perdió tiempo en lastimar a su hijo.

El enojo aún estaba presente en él a pesar de haber descargado un poco de el ayer. No estaba seguro de que Sasuke siga cumpliendo con lo que le había ordenado y no quería que sus esfuerzos por mantenerlo alejado de todos se arruinaran justo antes de su cumpleaños; no podía arriesgar todo el esfuerzo que había echo.

Roto Donde viven las historias. Descúbrelo ahora