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El regreso a clases sería en dos días y su madre regresaría dentro de cuatro días, por lo que se sentía algo aliviado.
Tal vez su padre se limitaria estando su madre y aunque no estaba seguro de ello, por ahora solo quería creer eso para no caer en desesperación.

No sabía qué hacer o cómo sentirse ahora.

Su cuerpo reaccionaba de formas repugnantes y se paralizaba cada que su padre comenzaba a acariciarlo.
Había dejado de luchar contra él desde hacía un tiempo, pues supo que nada detendría a su padre de lograr lo que quería.

Ahora solo dejaba que hiciera lo que quisiera y recogía los pedazos rotos que quedaban de él cada que terminaba.

Se sentía en conflicto constante y las únicas emociones que parecía tener desde ese día eran negativas.

No veía el sentido de nada, lo único para lo que servía ahora era para complacer a su padre, él se lo dejó muy claro.
Su razonamiento se perdía con solo unas cuantas palabras de Fugaku y algo en su cerebro se encendía y hacía todo lo que le pedía para complacerlo.

Aunque se sentía repugnante cada vez.

Todo ese abuso, todos esos maltratos, desde los golpes hasta las violaciones se mezclaron con la idea errónea del cariño y el amor que su padre le prometía.

La fina línea que dividida lo bueno de lo malo se trastornaba en su mente y al final del día creía que todo lo que le hiciera su padre era lo correcto.

Porque lo amaba y esas eran las formas que tenía para demostrárselo.

Porque su padre lo cuida cada vez que termina de lastimarlo, de una u otra forma termina curando lo y mimandolo y eso hace que su mente relacione el amor con el maltrato que sufre.

Su padre lo lastima porque lo ama y lo cura porque lo ama.
Siempre se lo dice.

Y él le cree.

Le cree tan desesperadamente porque es lo único que le queda.

Es lo único que siente que le queda.

Su hermano ya está formando una vida junto a la persona que ama.

Su madre siempre terminará saliendo a cualquier lado porque ama su libertad.

Dos de las personas que más ama ya tienen su vida hecha, y él no forma parte de esa vida, no de la forma que el desea y necesita, ya no.

Y lo único que queda es su padre.

Quien le ha demostrado que a pesar de todo sigue ahí, él es lo único a lo que se aferra.

Porque no sabe que más hacer.

¿De que otra forma asimilar el trauma si su mente está tan rota que no ve mal en el actuar de su padre?

Sí, se siente asqueroso, sucio y roto, pero no está solo.

La compañía de su padre, por muy tóxica y enferma que sea, para él lo es todo.

Porque nunca ha querido estar solo.

Le aterra la idea de no tener a nadie a su lado.

Y por mucho que su padre lo lastime, lo dañe y lo maltrate, él prefiere eso a perderlo.

A perder a la única persona que aleja la soledad de su ser.

En el fondo sabe que todo eso está mal, pero las palabras de su padre le hacen olvidar eso y le hacen aferrarse a la forma retorcida de amor que le brinda.

Se estaba perdiendo a sí mismo.

Luchaba una batalla interna entre lo que su padre quería que fuera y lo poco que aún mantenía de sí mismo.

Roto Donde viven las historias. Descúbrelo ahora