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Había extrañado que su padre lo despertará a primera hora para felicitarlo por su cumpleaños, como solía hacerlo cuando era un niño, y que pasarán el día juntos con su hermano y su madre.

Las cosas habían cambiado desde el inicio de la semana y creía que finalmente podrían volver a ser como eran antes, con su padre cariñoso y amoroso. Sin que tuviera que castigarlo por cualquier error que cometiera.
Creía que ahora tendría de vuelta a su antiguo padre y que por fin podría dejar de sentir que lo decepcionaba, sentía que las cosas cambiarían aún más de ahora en adelante.

Estaba seguro de ello.

Fugaku fue el primero en romper el abrazo y se levantó, le revolvió el cabello de forma cariñosa antes de agarrar las bolsas de regalo y regresar junto a su hijo.

-. Vamos, abre los regalos que te mandaron.- sonrió y le pasó una bolsa azul bajito con manchas blancas como las nubes.

Sasuke asintió emocionado y agarró la bolsa, notó una pequeña nota que colgaba de ella y sonrió aún más al distinguir la letra de su madre.

La abrió con cuidado y sacó el papel que cubría su contenido.
Al desenvolverlo vió un pequeño cofre blanco con decoraciones de oro junto a un par de pulseras de oro y dos tobilleras con algunos diamantes.

Sonrió ante lo bonito que era el regalo y se lo mostró a su padre.

-. Son lindas.- le dijo mientras le entregaba las tobilleras -. Deberías ponerte una hoy.

Su hijo asintió feliz mientras elegía una y la dejaba afuera, las demás las guardó en el cofre.

Abrió la siguiente bolsa y de inmediato supo que era un regalo de Izumi, pues tenía el libro del cual estuvieron hablando el domingo el cual aún no estaba a la venta y el que quería comprar con ansias.
Sus ojos se abrieron aún más al notar la firma del autor en la primer página junto a un mensaje de feliz cumpleaños y su nombre.

Saltó del sillón, dejando caer la bolsa sin querer, y lo apretó en su pecho con ilusión en su mirada.

-. ¡Izumi es increíble!.- exclamó con felicidad mientras volvía a ver el libro.

-. Calma hijo, aún hay más.- Fugaku lo vió con una sonrisa mientras levantaba la bolsa y se la extendía de nuevo.

Sasuke lo vió curioso y la agarró de nuevo, dejó el libro con sumo cuidado a su lado.
Hasta el fondo de la bolsa había dos libros más.
Las portadas eran elegantes y el título de ambos libros no le sonaban, frunció un poco el ceño antes de que su mirada se posara en el nombre del autor, uno de sus favoritos por cierto, y se desconcertó más al no recordar esos libros, aparentemente eran una pequeña secuela.

Abrió la pasta del primer libro y notó, que al igual que el anterior, venía la firma del autor y una pequeña felicitación por su cumpleaños.
Sonrió y abrió el segundo libro, que además de tener lo mismo en la primer hoja, también tenía una pequeña carta pegada a la pasta del libro.

Fugaku sonrió al ver como los ojos de su hijo se abrían de sobremanera al igual que su boca mientras leía la carta que el autor del libro le hizo.

-. No puede ser.- dijo al ver las primeras letras -. "Querido Sasuke, me platicaron que eres un gran fan de mis libros".- comenzó a leer en voz alta -. "Y que tu cumpleaños estaba cerca, así que también te mandé un regalo extra, espero que disfrutes de esta lectura y de tu cumpleaños.
Pd: Es una nueva historia en la que he estado trabajando, son los primeros formatos y por tanto, serás la primer persona en leerlos."

Volteó a ver a su padre al terminar de leer y este asintió, confirmando que lo que acababa de leer era verdad.

-. Logré hablar con él antes de que Izumi le llevara el libro que te regaló, dado que es de otra aldea y tiene mucho trabajo tuve que agendar una cita para que recibieran a Izumi, después de contarme sobre lo que quería darte y de pedirme el favor de hacerle la cita.- le explicó -. Al parecer le agradó oír de ti y de tu interés por sus obras.

Sasuke dejó los libros con delicadeza junto al anterior y se avalanzó sobre su padre, abrazándolo efucivamente y agradeciéndole sin parar.

-. No fue nada hijo, además, no tenía idea de que te mandaría ese regalo extra.- le sonrió mientras revolvía su cabello con cariño.

-. Muchas gracias papá.- lo abrazó una vez más antes de separarse para abrir el último regalo.

El regalo de Itachi eran unos audífonos inalambricos junto con dos libretas de dibujo y un par de plumas antiguas hechas con rodio y oro, una de ellas tenía berilo rojo, rubies y diamantes incrustado junto a una fina y elegante pluma roja; la otra tenía grandidieritas, turmalina paraiba y diamantes incrustados junto a una pluma azul.

Sus ojos brillaron al ver lo hermosas que eran las plumas y lo delicadas que parecían ser.
Las libretas también eran bellas y no podía evitar emocionarse ante la idea de comenzar a dibujar o incluso escribir algunas cosas en ellas.

-. Espero que te hayan gustado tus regalos.- la voz de su padre atrajo su atención y asintió.

-. Por supuesto, todos son bellos.- dijo con una gran sonrisa.

-. Bien, entonces ¿por qué no vas a guardarlos en tu cuarto?.- le sugirió antes de levantarse -. Aún me falta darte mi regalo, pero ese te lo daré después de la cena.- lo vió y sonrió grandemente -. Es una sorpresa.

Sasuke lo vió sorprendido y asintió, con la emoción que le dejaron los regalos de su madre, Izumi e Itachi no cayó en cuenta de que faltaba el regalo de su padre.

-. Bien, en lo que llega el momento saldremos un rato ¿qué te parece?.- le preguntó con una sutil sonrisa -. Yo iré a cambiarme en lo que terminas.

-. De acuerdo, iré a acomodar los regalos.- guardó los regalos en su bolsa correspondiente y al terminar se dirigió a su habitación.

Fugaku lo vió salir de la sala y se quedó ahí unos segundos antes de ir a su habitación.

Después de acomodar sus regalos se cambió por algo más apto para salir y al terminar decidió revisar su celular.

Soltó un suspiro al no ver notificaciones nuevas y la pequeña esperanza que guardaba su corazón se eliminó por completo al no ver mensajes de Naruto o Sakura por su cumpleaños, ni siquiera tenía otros mensajes nuevos aparte de los de su madre.

Se reprendió una vez más por ser tan ingenuo y por seguir con la esperanza de tener algún amigo.

-. Eres patético.- se dijo a sí mismo en un susurro.

Se suponía que ya se había resignado a no tener a nadie más que a su familia e incluso le aseguró a su padre dejar de tener cualquier tipo de contacto con los que alguna vez consideró amigos, pero aquí estaba nuevamente, con la ilusión de que alguno de ellos lo considerará verdaderamente un amigo y lo felicitara por su cumpleaños.

Y una vez más se encontraba desilusionandose al reconfirmarse que no es así.
Que ninguno de ellos se preocupaba por él y nunca lo consideraron un amigo.

Borró las conversaciones que había tenido durante todo ese tiempo y eliminó los pocos contactos que tenía, a excepción de los de su familia.
Respondió los mensajes de su madre y al finalizar apagó el celular y lo dejó en la cama sin cuidado alguno, en lo que a él respecta no lo necesitaría por lo que resta del día.

Salió de su habitación y fue a la sala, donde vió a su padre ya esperándolo.




































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Roto Donde viven las historias. Descúbrelo ahora