Al primer día del quinto mes del año en gracia dos mil veintiséis.
Hago uso de esta pluma para intentar poner orden al desvarío en que me encuentro. Han transcurrido ya algunos soles desde aquel veintiuno de abril, fecha en que, para mí sorpresa, tu merced decidió quebrantar una de mis tantas murallas.
Debo confesar, no sin cierto rubor, que me tomaste desprevenida. Mi invitación a la Cineteca no era más que un anhelo egoísta de robarte algunos minutos de tu tiempo; jamás imaginé que sería yo la robada. Porque, dime tú, ¿no es una falta de decoro gravísima arrebatarle a una dama el aliento, el sosiego y hasta las horas de sueño? Ay, qué me has hecho…
Aún percibo un dulce cosquilleo en mi mano izquierda; aquella que tuviste a bien custodiar entre las tuyas. Recuerdo con nitidez ese encuentro torpe que culminó cuando tú, con el carisma que te caracteriza, tomaste mi palma en la tuya, como si ya conocieras el camino a mis falanges. Casi me infarto, caray. El breve lapso que nos soltamos fue, te lo juro, una ausencia insoportable.
Luego vino aquel segundo encuentro, más decidido, donde permití que mis hombros descansaran y mi orgullo cediera ante tu ternura. Verte jugar con mis deditos, acariciar mis nudillos y sentir esos apretoncitos que dabas a mi mano… me hizo sentir una docilidad que desconocía en mi carácter.
Me encuentro sumida en una deliciosa confusión. ¿Son estos gestos mera cortesía o te encuentras tú tan embelesado por mi persona como yo me encuentro por la tuya? Ay, qué bonito es ser joven y gustar de alguien y atontarse y perderse y sentirse tan plena. Lo único que quiero ahora mismo es volverte a ver, abrazarte, sentir la ternura de tus manos en las mías de nuevo.
Te quiero. Te quiero para mí, te quiero en mi mundo, te quiero en un tiempo que podamos compartir y coexistir a la par. No sé si es que tú me quieras, pero, caray, redundante será decirlo otra vez, pero yo te quiero. Dime, por favor, si sigo esforzándome —que no me genera ningún tipo de molestia, dicho sea de paso—, o mejor me quedo con el bonito recuerdo de tu tacto, único.
¿Me concedes el honor de un nuevo encuentro? ¿Me permites naufragar otra vez en esa sonrisa que tantas tempestades causa en mi pecho?
Quedo a la espera de tus noticias, con el alma en un hilo.
Sinceramente tuya:
Rox Morales.
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𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Puisi¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
