No sé cómo explicarle a la métrica
que tu sonrisa no es un adjetivo,
sino un asalto.
¿Cómo se le quita tu gesto a un concepto
sin que la frase se quede vacía?
Tu nombre me sabe a cacao puro;
se me queda pegado al paladar
y me obliga a morder el aire
buscando ese suspiro de tus ojos,
tan oscuros,
tan de morderse.
Llevo tres semanas
con el hambre atrapada en las manos.
Quiero que los dedos se nos vuelvan nudos,
que tu pulso me dicte la prosa
y que, por fin,
el chocolate deje de ser un nombre
para volverse un beso
de esos que saben a domingo.
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𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Poetry¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
