El silencio.
Esa tinta viscosa que subía por el pecho,
un lodo negro secándose en las paredes de mi caja torácica.
Yo quería rajarme la garganta a gritos,
quería escupir el "no quiero", el "déjame ir",
pero la lengua estaba presa en ese pegamento oscuro.
Eran adultos jugando a la guerra contra una niña,
un doctorado en cinismo frente a una infancia descalza,
una asimetría que solo la cobardía sabe explicar.
Valdivia no ha muerto por mano ajena,
se ha suicidado por falta de tiempo.
ESTÁS LEYENDO
𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Poetry¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
