Me encuentro aturdida
por ese chillido
que llora de mi vientre.
Cuentan bajo susurros
que me he tragado
la cría de un ratón
y ahora busca
abrirme el estómago.
Escapar.
Cómo aprendió de mí.
Se dice también
que yo vi matar
a Dios.
No a Jesús.
A Dios.
Que soy tan pequeña
insignificante
cual mónoda perdida,
asesina del tiempo.
No tengo manos.
Nadie lo señala
-se jactan de educados-
pero imposible resulta
ignorar la ausencia
de quien alguna vez
pudo ponerle palabras
en la boca al Diablo
y ahora
se reduce a un silencio.
Un gesto. Un aullido.
Un gemido de dolor
que nace de una garganta,
arrecife de coral.
Me he despreocupado
de la poesía.
No soy -ni fui- poeta.
Me palpitan las ideas
bajo el chasquido
de unas garras
rascándome el estómago.
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𝙄𝙉 𝙈𝙔 𝙃𝙀𝘼𝘿
Poetry¿Qué ocurre? ¿Por qué de nuevo me llenan las ganas indestructibles y feroces de atrofiar mi rutina de sueño para escribir...? ¡Qué importa! Voy por mi café. Mi poesía, la que se me ocurre en lo más profundo y oscuro de la madrugada. • únicamente p...
