Capítulo 25

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Aquel hombre se encontraba esposado a la silla, con la cabeza agachada, cansado de estar allí, pero dispuesto a llevarse consigo mismo a prisión toda la información que conocía. Al oír que la puerta se abría levantó la cabeza lentamente, encontrándose con la mirada seria del escritor. Sonrió irónicamente. "Vaya, vaya... Richard Castle. ¿A qué debo este honor?". Se burló el francotirador.

"Vaya, así que me conoces, William". La voz de Castle salía segura, aunque por dentro estuviese muerto de rabia. Aquel tipo asintió. "Bien. Entonces sabrás, que tanto en mis novelas como en mi vida, soy capaz de muchas cosas, y ninguna buena, cuando alguien hace daño a la gente que me rodea. Puedo ser muy infantil algunas veces, pero cuando se trata de mi gente, la ira me puede". Rodeó la mesa y se acercó a él.

Davidson no se inmutó y le retó con la mirada. "¿Y piensas que mirándome así vas a conseguir algo?". Soltó una carcajada, irónica, malévola. "He sido militar, estoy preparado para todo".

"¿Y qué hace que, un exmilitar cuyo objetivo es proteger al país, comience a trabajar bajo las órdenes de un senador que carga con conspiración, fraude y asesinato? ¿Acaso es dinero? ¿Miedo? ¿La protección de tu familia?". Castle se iba acercando cada vez más a Davidson, viendo cómo su cara iba cambiando, llenándose de ira. El escritor iba por buen camino. "¿Qué pensarían tu mujer y tu hija si se enteraran de que su esposo y padre es un asesino que actúa por orden de una persona como Bracken?". Se sentó sobre la mesa, quedando frente a él, mirándolo, acercando su cabeza a la cara del francotirador. "Para ellas eres un ejemplo, un buen ejemplo a seguir. ¿Dónde creen que ganas el dinero que llevas a casa? ¿Quieres que las llamemos y se lo preguntemos aquí mismo, delante de ti?". Castle vio como cada pregunta que formulaba creaba más ira en aquel hombre.

"¡¡Cállate!! ¡No tienes ningún derecho a estar aquí, no eres poli! ¡Lárgate!". Dicho esto, William escupió a Castle, manchándole parte de la chaqueta y de la camisa.

Pero Richard no se inmutó, se mantuvo impasible. Lo miró de arriba abajo, con asco, y de repente se percató en que debajo de la camiseta, tenía una cicatriz muy fea, que le recordaba a las puñaladas con las que habían encontrado el cadáver de Johanna. Frunció el ceño. "Vaya, parece que tienes una bonita marca aquí". Acercó su mano para destapar más la cicatriz.

Él, se revolvió en la silla, tratando de alejar su cuerpo de aquella mano, lo que le fue imposible, al estar atado de pies y manos a la silla. "¡No me toques! ¡Que te he dicho que no me toques!". A cada palabra que pronunciaba, iba alzando más la voz.

Castle hizo caso omiso de sus palabras y tocó aquella cicatriz. Parecía que era antigua. "Su forma me resulta bastante familiar. ¿Qué pasó Will? ¿Tú también eras su objetivo pero acabaste aliándote con él?". Castle lo miraba con asco. Le apretó ligeramente la cicatriz haciendo que aquel hombre se retorciera en su silla. Es cierto que la cicatriz tenía años, pero le seguía doliendo. "Dime, ¿por qué acabaste sirviéndole? ¿Te obligaron? ¿Amenazaron? ¿O simplemente te hicieron cambiar de idea?". Le pellizcó la cicatriz y un pequeño gritó salió de los labios del francotirador. Después, el escritor le propinó un par de puñetazos en el estómago, donde no dejasen mucha marca. William se encogió de dolor. "No, no creo que fuese lo último. Así que ayúdame a encerrar a ese hijo de puta y a todos sus compinches. Si colaboras, reducirán tu pena y antes podrás volver con tu familia". Castle agarró al hombre por el cuello de la camiseta, tirando ligeramente hacia arriba y haciendo que las esposas se le clavasen en las muñecas y en las piernas del francotirador. "O lo haces por las buenas, o lo haces por las malas". Gruñó Richard. Jamás se había visto en aquella situación. Nunca había sacado su rabia ni su ira de aquella manera. Pero necesitaba hacerlo. Tal vez no conseguía nada, pero valía la pena si de esa forma conseguían acabar con Bracken y sus secuaces.

"¡Púdrete en el infierno!". Gritó el hombre. Estaba cansado, dolorido y le pesaban las palabras de Castle. Él nunca había sido así, nunca había querido ser así, pero le habían obligado y ahora temía por su vida y por la de su familia. Por eso mantendría la boca cerrada. "Jamás encontraréis lo necesario para meterlos a todos en la cárcel. No sé dónde está, ¡pero si en todos estos años nadie la ha encontrado, nadie lo hará ya! Probablemente esté quemada.". Escupió aquellas palabras con rabia, sin pensar siquiera en lo que estaba diciendo. En aquel momento sólo quería salir de allí y ver a su familia. Aunque sabía que eso iba a ser imposible.

Castle frunció el ceño. "¿La? ¿Quemada?. ¿Qué quieres decir con eso?". Lo agarró con más fuerza de la camiseta volviendo a levantarlo ligeramente haciendo que se le volviesen a clavar las esposas, dejándole alguna marca, pero sin hacerle heridas. Acercó su cabeza a la de Davidson quedando sus frentes prácticamente pegadas. Ambos se miraban con mucha rabia. "¡William Davidson, dime lo que sepas y te prometo que no te pasará nada, ni a ti, ni a tu familia!".

"¡Cállate! ¡No pienso decir nada! ¡Tú no sabes nada de mí, nada de mi familia! ¡No eres poli y aunque lo fueras tampoco podrías protegernos, ni tú ni tus amiguitos!". Dijo con tono despectivo. "¡Los policías nunca son lo que parecen! ¡Nunca son tan buenos como dicen, ni hacen lo que tienen que hacer! ¡No velan por nuestro bienestar ni por nuestra seguridad! ¡En cuanto pueden, buscan sus propios intereses!". Su rostro se había enrojecido. Se sentía defraudado por el cuerpo de policías. Aquello encendió una bombilla a Castle.

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