Jayden se encarga de repartir las tareas. Sugiere que limpiemos por parejas, ya que según él de esa forma terminaremos mucho más rápido de limpiarlo todo.
Así que decide que Darien y Beth serán los encargados de limpiar el salón, y él y yo nos encargaremos del jardín y la cocina.
—¿No puedo limpiar con Megan? Encima de que me obligáis... —protesta Beth rodando los ojos.
—No, porque os pondréis a hablar y no acabaremos nunca —responde Darien.
—Megan, empezamos por el jardín —dice Jayden haciéndome un gesto para que lo siga fuera de la casa.
Creo que hubiese sido mejor limpiar con Darien, aunque sea un gruñón egocéntrico y me ponga de los nervios. Pero hubiese sido mucho mejor que limpiar con el chico al que supuestamente besé anoche y que además es mi hermanastro.
¡Oh, Dios! Suena peor de lo que recordaba.
¿Por qué tengo que limpiar con él?
No quiero hacerlo. Más bien, no puedo hacerlo. Todavía me siento avergonzada y ni siquiera soy capaz de mirarlo a los ojos más de un par de segundos. ¿Cómo voy a poder pasar toda la mañana a su lado sabiendo lo que pasó?
Respiro profundamente y con mucha fuerza de voluntad decido seguir a Jayden hacia el jardín y comenzamos a limpiar en silencio, cosa que agradezco. Si no hablamos será todo mucho más fácil.
Todo está hecho un desastre. El césped está lleno de vasos de plástico y hay vómitos por algunas zonas del jardín. ¡Qué asco! No sé si lo había dicho, pero odio limpiar. Es una de las cosas que más odio, además de a los gemelos O'Brien.
—¿Qué tal lo pasaste anoche? —pregunta Jayden cortando el silencio tan incómodo que se había creado.
Miro confusa hacia los dos lados y vuelvo la mirada de nuevo hacia él.
—¿Me dices a mí?
—No, se lo decía a la tumbona que tienes al lado —responde irónico—. ¡Pues claro que te lo digo a ti, tonta!
—Oh... Bien, aunque no me acuerdo de casi nada. Creo que bebí demasiado —confieso muy avergonzada.
—Ya se notaba... Nunca te había visto tan efusiva y animada —dice soltando una gran carcajada.
—Pues tú tampoco eres el más indicado para hablar ya que ni siquiera podías mantenerte en pie, idiota —le recuerdo cruzándome de brazos con una sonrisa.
—¿Y dices que no recuerdas... nada? ¿Nada de nada? —pregunta rascándose la nuca y niego con la cabeza—. Así que no recuerdas nuestro...
—Me lo ha dicho Beth —interrumpo para que no acabe la frase—. Pero no quiero hablar de eso... —digo mirando a otro lado nerviosa—. ¡La piscina está llena de vasos! ¿Cómo vamos a sacarlos de ahí?
Jayden se acerca a mí y no puedo evitar dar un paso hacia atrás, haciendo que mis talones choquen contra la tumbona.
No sé qué pretende hacer pero me pongo nerviosa al instante. De repente me toma en brazos y antes de que pueda decir nada salta al agua, haciendo que nos hundamos entre los vasos de plástico rojos que hay repartidos por toda la piscina.
—¡¿Qué mierda haces?!
Jayden evita mi pregunta y coloca sus manos sobre mi cintura, haciendo que nuestros cuerpos se peguen. Su nariz roza mi cuello y noto cómo sus labios acarician el lóbulo de mi oreja.
—¿Te pongo nerviosa?
No sé si es por la forma tan increíblemente sexy en la que suena su voz o por sus labios rozando mi oído y bajando lentamente por mi cuello, pero mi piel se eriza de una manera que jamás había hecho antes.
Es extraño, pero excitante.
—No —digo en un susurro e intento soltarme de él—. Jayden, déjame salir.
—Contesta, ¿te pongo nerviosa? —dice volviendo a repetir la misma pregunta.
Comienzo a ponerme muy nerviosa al tenerlo tan cerca, pero consigo soltarme de su agarre y salir de la piscina antes de que pueda volver a pasar algo entre nosotros de lo que me pueda arrepentir.
Entro en casa, mojándolo todo a mi paso, y me encuentro con Darien y Beth, que me dicen algo que ignoro y subo lo mas rápido que puedo a mi habitación, cerrando la puerta dando un fuerte portazo.
¿A qué ha venido eso? ¿Por qué Jayden ha hecho algo así? No entiendo absolutamente nada. Esta vez no parecía hacerlo para burlarse de mí y... Ha sido muy raro.
Minutos más tarde alguien da unos toquecitos en la puerta.
—¡Jayden, lárgate! —grito sin preguntar quién es—. ¡No quiero hablar contigo!
—Soy Darien, ¿puedo pasar?
Mierda. Soy estúpida.
—Claro, pasa —contesto y Darien entra en mi habitación cerrando la puerta.
—¿Qué te pasa? —pregunta sentándose a mi lado sobre la cama.
—Llevo unos días bastante mal —confieso sin saber por qué se lo cuento a él, pero necesitaba desahogarme con alguien.
—¿Por qué? —pregunta pasando su pulgar por mi mejilla con dulzura.
¿Por qué siempre lo hace?
—Porque tu hermano y tú sois unos malditos idiotas —gruño y aparto su mano de mi cara con frustración.
—¿Nosotros? ¿Por qué? ¿Qué es lo que hemos hecho ahora? —pregunta abriendo los ojos con sorpresa.
—Yo... —murmuro agachando la cabeza sin saber qué responder.
Debería haberme callado.
Noto su mano en mi barbilla y levanta mi cabeza haciendo que lo mire a los ojos.
—¿Piensas de verdad que soy un idiota? Porque te aseguro que lo último que quiero es que estés mal por mi culpa.
No sé ni qué decir. Es extraño, nunca hubiese pensado que diría algo así. Me ha pillado totalmente desprevenida. Lo dice de verdad, no para avergonzarme y luego burlarse de mí como Jayden hace.
Nos miramos fijamente y noto cómo se acerca más a mí. Mi corazón empieza a latir a gran velocidad y por algún motivo no puedo dejar de mirar sus labios. Maldita sea, ¿por qué se ven tan tentadores?
Se inclina hacia delante, nuestros labios casi se rozan y tan solo por unos segundos puedo sentir su respiración mezclándose con la mía...
Y entonces entra Jayden.
Nos separamos rápidamente y Darien se levanta de la cama de un salto. Los dos se miran desafiantes. Parece una batalla de miradas. Si sus ojos tuvieran rayos láser ya estarían más que muertos por la forma en la que se observan.
—Beth te está buscando, dice que vayas a ayudarla —informa Jayden y Darien sale por la puerta—. Megan, tenemos que acabar lo de antes, ¿no?
¡¿Cómo?! Ahora mismo siento que mi respiración se ha cortado, literalmente.
¿Hace mucho calor aquí o soy yo?
—¿Lo de antes? —consigo preguntar.
—Sí, todavía quedan vasos en la piscina por recoger, no tardes —dice guiñándome un ojo y sale por la puerta dejándome totalmente aturdida.
No sé qué pretenden los gemelos con estas actitudes tan extrañas que están teniendo conmigo, pero si es volverme loca entonces lo están consiguiendo.
Estoy perdiendo la cordura.
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Mi peor pesadilla
RomanceImagina que tus peores enemigos se convierten en tus hermanastros, que se mudan a tu casa, y tú no puedes hacer nada para impedirlo. Sería una auténtica pesadilla, ¿no crees? Pues eso es lo que le sucede a la protagonista de esta historia; los gemel...
