Capítulo 28: Segunda oportunidad

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Dos años más tarde...

—Quédese el cambio —digo al taxista que me ha traído desde el aeropuerto.

Miro a través de la ventanilla, antes de salir del taxi, y observo mi casa. Hace dos años que me fui y aún así todo sigue igual. Aunque, en realidad, todo ha cambiado. Yo he cambiado, ya no soy esa adolescente que era antes de irme, he madurado mucho durante todo este tiempo.

Y, con mis veinte años de edad, siento que soy una Megan muy diferente.

Tal vez de eso se trata madurar, de descubrir quién eres, qué quieres y hacia dónde vas. Aunque todavía me queda un largo camino por recorrer, y ese es el motivo de mi vuelta a casa. Necesitaba volver a mis raíces. Volver a mi hogar.

Respiro profundamente y bajo del vehículo. Cojo mi maleta y camino unos pasos hasta la entrada de casa. Entonces veo a un chico apoyado en la pared de la entrada fumando. ¿Será él?

Mierda. Sí, es él, es Darien.

Está muy diferente, mucho más delgado y tiene algo de barba, de apenas unos días. Mi corazón da un vuelco al verlo y siento un enorme nudo en el estómago.

Me acerco a él, cojo el cigarrillo que se estaba llevando a la boca y lo tiro al suelo.

—¿Sabes que fumar es malo? —pregunto sin poder mirarlo a los ojos y me aparto de su lado para entrar en casa.

No soy capaz de mirarlo, a pesar de que hayan pasado varios años, ya que todavía me sigue doliendo su engaño. No estoy preparada para mirarlo a esos preciosos ojos y recordar todo de nuevo.

Darien agarra mi muñeca, haciendo que me estremezca al sentir su tacto, y me detiene mientras se acerca a mí.

—Te he echado de menos —susurra en mi oído con un tono triste en su voz.

No contesto, solamente cierro los ojos con fuerza para intentar contener una pequeña lágrima que amenaza con escapar. Maldita sea, yo también lo he echado muchísimo de menos... Pero Darien ya es el pasado. No puedo flaquear ahora con todo lo que me ha costado intentar olvidarlo.

Aunque, siendo honesta, no he podido.

Me suelto de su agarre, abro la puerta y entro en casa. Dejo la maleta en la entrada y voy al salón, donde me encuentro a mi madre, a Anthony, a Jayden y a mi mejor amiga, que estaban esperándome.

—¡Megan! —grita Beth lanzándose sobre mí para abrazarme—. ¡No te vayas nunca más o te golpearé, te lo aseguro!

—Tranquila, no me voy a ir —aseguro dándole un beso en la mejilla.

Me separo de ella y voy hacia mi madre para envolverla con mis brazos. ¡Cómo echaba de menos sus abrazos! Estoy tan feliz de estar en casa por fin...

Hogar dulce hogar.

—Hola, Meg —saluda Jayden con una pequeña sonrisa, lo miro con el ceño fruncido y salto encima de él.

—¡Que tengas novia no significa que no puedas darme un abrazo, idiota!

Sonríe y me abraza más fuerte elevándome en el aire. Darien aparece en el salón y se sienta en el sofá sin decir nada. Jayden me deja en el suelo y mira a su hermano con algo de preocupación.

Ya no es el mismo, y joder... Saber que yo tengo parte de culpa duele demasiado.

—Hoy podemos hacer una de nuestras noches de películas, pizza, piscina... Como en los viejos tiempos —sugiere Beth.

—¿Piscina? ¿En Navidad? —pregunto sin poder evitar reír—. No has cambiado nada, amiga mía. Sigues necesitando ir al psicólogo urgentemente.

—Yo ya tengo planes —habla Darien levantándose del sofá y sale de casa.

Me duele tanto verlo así...

✧ ✧ ✧

Estamos viendo una película de romance después de habernos comido tres pizzas enormes con extra de queso, y como era de esperar, Jayden y Beth no paran de besuquearse justo a mi lado.

¡Buscaos un hotel, por favor!

Darien hace ya varias horas que se ha ido de casa y me ha dejado sola, junto a una pareja tan empalagosa que me va a hacer vomitar las pizzas que he comido.

Tengo que hablar con él, necesito arreglar las cosas de una vez por todas, porque no soporto verlo de esa forma y quiero que podamos estar bien. Además, no soportaría estar más tiempo sentada en este dichoso sofá, siento que estorbo, por lo que es mejor que les deje intimidad.

Así que salgo del salón y voy a por un abrigo para no tener frío, antes de salir en busca de Darien.

Me detengo bajo el porche de la entrada mientras saco mi móvil del bolsillo y marco su número. Tengo la sensación de que no me va a responder, pero para mi sorpresa a los pocos segundos contesta.

—¿Megan?

—¿Dónde estás?

—¿Acaso te importa? No has querido hablar conmigo durante dos años y ahora te importo —dice irónico y suelta una carcajada—. Sabías lo enamorado que estaba y estoy de ti y...

—¡Darien, claro que me importas! Dime dónde demonios estás —intento respirar profundamente para evitar parecer una histérica—. ¡Maldita sea, Darien! Sabes que yo también estoy... Estaba muy enamorada de ti. ¿Por qué dices eso?

—¡Porque no te importa nada!

Seguido de sus últimas palabras, más bien gritos, cuelga la llamada. Noto cómo los ojos se me llenan de lágrimas y comienzan a caer inmediatamente por mis mejillas.

¿Cómo puede pensar que no me importa?

Habla como si no me conociera, como si simplemente fuese una extraña para él. Es como si no recordase nada de lo que hemos vivido juntos, de cuánto nos queríamos.

Retiro mis lágrimas con la manga del abrigo y entonces me doy cuenta de que en la llamada se escuchaba el viento y el movimiento de las ramas de los árboles.

Creo que sé dónde puede estar.

Camino con pasos rápidos y sujetando con fuerza el abrigo hasta el parque que hay cerca de casa, y ahí está Darien, sentado en un banco con la mirada perdida. Me acerco hasta él y me siento a su lado.

—Me importas mucho —confieso apoyando la cabeza sobre su hombro.

—Pues no lo ha parecido durante todo este tiempo —dice en un susurro.

—Necesitaba olvidarme de todo —suspiro apartando la cabeza de su hombro para mirarlo—. Pero necesito que todo esté bien entre nosotros, no soporto verte así.

—¿Pudiste olvidarte de mí? —pregunta girando su cara para mirarme.

Niego con la cabeza y pasa su brazo por mis hombros, pegándome más a él. Nos quedamos así, en silencio, viendo cómo empiezan a caer pequeños copos de nieve y cubren de blanco el suelo del parque.

Echaba tanto de menos estar con él...

Pero el momento tan mágico es interrumpido por el móvil de Darien. Lo saca de su bolsillo y antes de que rechace la llamada veo el nombre de Samantha en la pantalla. ¡No puede ser!

Espero que sea una jodida broma.

—¡No me puedo creer que hayas vuelto con ella! —exclamo intentando contener las lágrimas—. Después de todo...

—A veces hay que dar una segunda oportunidad, ¿sabes?

Sé perfectamente que lo que ha dicho tiene doble sentido, por lo que hace que mi enfado crezca mucho más. No lo dice por Samantha, lo dice por mí, porque yo no le di una segunda oportunidad.

—¿Una segunda oportunidad? ¿Para qué? ¿¡Para que te vuelva a hacer daño!? ¡Te engañó con tu hermano y yo casi muero por su culpa! —grito mientras las lágrimas empiezan a escapar de mis ojos.

No puedo creer que esto sea real. Ojalá fuese una pesadilla y despierte en casa de mi padre en Londres, lejos de todo esto.

—¡Respóndeme, Darien! ¿Por qué demonios has vuelto con ella?

—¡Para olvidarme de ti!

Mi peor pesadillaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora