Capítulo 31: ¿Tienes frío?

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Lo que acababa de pasar con Darien no está bien. Nada está bien. Lo he echado tantísimo de menos que me moría de ganas de besarlo, pero si tantas ganas tenía de hacerlo... ¿Por qué me siento tan mal?

No lo entiendo. ¿Por qué siento que nada de esto está bien? ¿Por qué tengo la extraña sensación de que sigo siendo un juego para él? Quizás todavía no he superado lo que pasó, a pesar de los años, pero la confianza no vuelve de la nada.

No puedo hacer como que todo sigue igual que antes y que no me importa que me hubiese mentido. La herida todavía duele demasiado, necesita cicatrizar bien.

Y lo que hemos hecho empeora por completo esa cicatrización.

—Darien, me voy a dormir, déjame levantarme —digo colocando mis manos en su pecho para apartarlo de mí.

—No quiero —niega con una sonrisa traviesa mientras acerca sus labios a los míos para intentar besarme de nuevo.

Maldita sonrisa irresistible...

—Tengo sueño —miento fingiendo un gran bostezo tapándome la boca con la mano.

En realidad no tengo sueño, ni siquiera hemos cenado todavía, pero no quiero seguir estando cerca de Darien, y la mejor solución para evadirse de los problemas siempre es dormir.

—Duerme conmigo.

¡Maldita sea!

¿Por qué me lo pone tan difícil?

—No, no voy a dormir contigo —digo rodando los ojos—. Por favor, levántate.

—Te arrepentirás —dice apartándose por fin de mí—. Presiento que va a ser una noche muy entretenida...

Me levanto del sofá, sin hacer caso a su estúpido e irónico comentario, y subo a mi habitación. Me tumbo en la cama y me tapo con las sábanas como forma de protección. Intento mantener la calma y no pensar en la tormenta, pero un fuerte estruendo hace que me cubra hasta la cabeza.

Una luz proveniente de un relámpago hace que se ilumine toda mi habitación y noto un escalofrío recorrer todo mi cuerpo.

La lluvia cae con gran intensidad y golpea contra mi ventana, los truenos cada vez son más fuertes, y la luz de los relámpagos crea sombras espeluznantes en las paredes y el techo de mi habitación.

No puedo más, mi respiración está muy agitada y siento unas inmensas ganas de llorar. Quiero salir de aquí y correr para esconderme en algún lugar en el que pueda estar protegida.

¡Me va a caer un rayo en la cabeza!

Mierda. Darien tenía razón, me arrepiento de no haberme ido a dormir con él. Seguro que a su lado me sentiría más segura que estando sola en esta habitación.

Así que decido dejar todo mi orgullo a un lado y me levanto de la cama dispuesta a ir a la habitación de Darien. Prefiero estar a salvo que quedarme en mi habitación por no tener que darle la razón.

El orgullo no me va a proteger de la tormenta, en cambio, Darien sí lo hará.

—¿Me haces un sitio?

Me quedo plantada en el umbral de la puerta esperando a que Darien acceda a dejarme dormir con él. Sus ojos conectan con los míos en la oscuridad y la luz de un relámpago me deja ver su amplia sonrisa.

—Sabía que vendrías —asegura con la voz ronca y sin perder la sonrisa.

Se destapa y da unos toquecitos sobre la cama para que me acueste a su lado. Al acercarme me doy cuenta de que está en ropa interior y agradezco que no haya luz para que no vea el color de mis mejillas.

Mi peor pesadillaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora