Capítulo 22: Te amo

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El tiempo pasa y mis nervios aumentan al no saber todavía nada de Megan. Siento como si el tiempo se dutuviese o fuese más lento, como si todo fuese mucho más despacio, y mi impaciencia crece.

Necesito verla. No puedo esperar más.

Estar aquí me hace recordar cosas demasiado dolorosas del pasado. Siempre he odiado los hospitales, pero mucho más desde que nuestra madre murió.

Nuestra madre pasó mucho tiempo en un hospital ya que tenía cáncer, por lo que mi hermano y yo ibas continuamente a visitarla, hasta que un día no nos dejaron verla y la perdimos para siempre.

No quiero perder a nadie más...

Miro a mi hermano que tiene la cabeza de Beth apoyada en su hombro y algo se remueve dentro de mí. Ojalá pudiese estar en este momento así con Megan...

A lo lejos veo a nuestros padres entrar con rapidez en el hospital y llegan hasta nosotros con expresiones de auténtica preocupación y miedo en sus caras.

—¿Dónde está mi hija? —pregunta Lauren con lágrimas en sus ojos.

Le explico lo único que la mujer del mostrador nos había dicho y se sientan junto a nosotros para esperar a que nos den noticias nuevas sobre el estado de Megan.

—Todo estará bien —le susurra mi padre a Lauren rodeándola con su brazo.

Ella asiente con la cabeza mientras una lágrima cae por su mejilla y mi padre se la limpia con una caricia. No puedo evitar imaginar lo terriblemente asustada que debe de estar por su hija.

Poco tiempo después por fin aparece un doctor ante nosotros y un nudo se forma en mi estómago. Los nervios se apoderan de mí y solamente espero que venga a darnos buenas noticias.

—¿Familiares de Megan? —pregunta y todos nos levantamos de nuestros asientos.

—¿Mi hija está bien? —pregunta Lauren acercándose al doctor.

—Sí, no se preocupen, Megan ha sufrido un pequeño accidente pero está bien, no ha sido nada grave —informa el doctor y noto cómo por fin puedo respirar con normalidad—. Pueden pasar a verla.

Nos adentramos en la habitación de hospital y veo a Megan sonriendo desde la cama cuando su mirada se encuentra con la mía. Lauren se aproxima a abrazar a su hija y mi padre se acerca hasta ellas.

—¿Cómo te encuentras? —le pregunta mi padre mientras su madre se separa de ella.

—Dolorida... Como si un coche me hubiese golpeado —dice haciendo una mueca con ironía y suelta una pequeña carcajada.

—¡Me has dado un susto de muerte!

Beth se lanza a abrazar con fuerza a Megan y ella sonríe mientras sus ojos se encuentran con los míos y mi corazón empieza a latir a gran velocidad.

Beth se separa de su amiga y es mi turno de poder acercarme por fin a Megan. Sus ojos siguen fijos en mí y su sonrisa se hace cada vez más grande mientras me acerco hasta ella y la envuelvo con mis brazos.

No sé cuánto dura el abrazo pero podría pasarme horas así. Me saparo un poco de ella y pego mi frente a la suya, intentando contener las ganas de besarla, ya que nuestros padres están presentes.

—Tenía tanto miedo de perderte... No te imaginas cuánto —susurro para que solamente me escuche ella.

Acaricio su mejilla, con nuestras frentes todavía pegadas, y alguien tose falsamente detrás de mí. Jayden me lanza una mirada de prevención y me separo de Megan antes de que mis impulsos me hagan besarla delante de todos.

Ya tendré tiempo suficiente de besarla cuando estemos solos... Y de confesarle mis sentimientos de una vez por todas.

NARRA MEGAN

Ya me han dado el alta y me alegro de no tener que pasar la noche en el hospital. Según el doctor he tenido suerte de que haya sido un pequeño golpe, ya que podría haber sido mucho peor.

Estoy descansando en mi cama mientras me relajo leyendo cuando mi móvil suena y veo que se trata de mi padre.

—Hola, papá —saludo cordialmente.

No tengo mala relación con él, todo lo contrario, mi padre suele llamarme todas las semanas y se interesa mucho por mi vida, quiere estar al tanto de todo aunque no esté aquí. Pero aún así no tememos la misma relación que teníamos antes de mudarse a Londres.

—Hola, cariño. Tu madre me ha dicho lo de tu accidente... ¿Cómo te encuentras?

—Estoy bien, por suerte no ha sido nada grave —explico encogiéndome de hombros.

—Menos mal, hija. Cuando tu madre me ha llamado me he asustado muchísimo...

Mi corazón se estremece al escuchar sus palabras y su tono de preocupación en ellas. Lo echo mucho de menos, y me gusta saber que de verdad se preocupa por mí.

—Quería comentarte una cosa —dice cambiando de tema—. Queda poco para que termine el verano, y quería proponerte venir a estudir aquí. Así podría pasar más tiempo contigo...

¿Ir a estudiar a Londres?

Mierda. Sería un auténtico sueño estudiar allí, adoro esa ciudad, además pasaría más tiempo con mi padre. Pero mi vida está aquí, mi madre, mis amigos... Y Darien.

No puedo irme a Londres.

—Lo tengo que pensar —respondo sin saber muy bien qué decir.

—De acuerdo, hija. Tómate el tiempo que necesites. Te quiero, adiós —se despide de mí y cuelgo al despedirme también.

Dejo mi móvil sobre la mesita de noche y alguien llama a la puerta. Darien abre y se asoma esperando a que lo invite a pasar. Le sonrío haciéndole un gesto con la mano y se acerca hasta mí.

—Quería hablar contigo... —murmura sentándose sobre mi cama.

—Yo también —le interrumpo—. Tengo que preguntarte algo... ¿Sigues queriendo a Samantha?

—¿Qué? ¡No! —exclama abriendo los ojos con sorpresa—. ¿A qué viene eso?

—Cuando me ha atropellado ese coche estaba leyendo un mensaje de Samantha en el que decía que la querías —explico agachando la mirada—. Si no le hubieses dicho que yo era tu novia no habría pasado nada de esto.

—Megan, lo siento. Yo no pretendía que algo así pasara...

—No lo sientas, puedes decirle a Samantha que la quieres —digo conteniendo mis lágrimas.

—¡No la quiero a ella!

—¿Entonces me quieres a mí? —pregunto mirándolo fijamente a los ojos y noto cómo traga saliva.

—Joder, a ti no te quiero...

—¡Pues vale, no me importa! —exclamo golpeándolo con la almohada.

—Megan, a ti te amo —confiesa—. Estoy locamente enamorado de ti.

¡Acaba de decir que me ama!

Una gran sonrisa se forma en mis labios y me lanzo hacia él para envolverlo con mis brazos, él me apreta más fuerte y deja un beso en mi cuello.

Me separo un poco de él y junta nuestros labios en un beso desesperado. Siento cómo se desahoga basándome con rabia, como si hoy hubiese pensado que tal vez jamás volvería a besarme o a verme más.

—Yo también te amo —susurro acariciado sus labios con los míos.

Mi peor pesadillaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora