Capítulo 37: Nuestra última vez

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Abro los ojos poco a poco, molesta por la luz que entra por la ventana, y gruño debido al horrible dolor de cabeza que tengo. Dios, no debí beber tanto. Me froto la frente con la vista clavada en el techo y entonces escucho unos suaves ronquidos justo a mi lado.

Me quedo paralizada, deseando haberlo imaginado, pero no es así. Dirijo la mirada hacia el suelo de mi habitación y veo ropa tirada por todas partes, incluida mi ropa interior, lo cual significa que...

Mierda, sí, estoy desnuda.

Cierro los ojos con fuerza y respiro profundamente antes de mirar hacia el otro lado y afrontar la realidad.

Y la cruda realidad me golpea al ver ahí a Darien, durmiendo tranquilamente con los labios ligeramente abiertos y el pelo revuelto. Observo cómo su pecho sube y baja despacio, haciendo que se mueva con sutileza la sábana que lo cubre de cintura para abajo.

—¿Qué coño has hecho? —me pregunto a mí misma en un susurro mientras me tapo la cara con frustración.

Intento hacer memoria de lo que sucedió anoche pero solo aparecen pequeños flashbacks en mi cabeza. Recuerdo bailar toda la noche con Connor y después estar sentada en el sofá con Darien, pero las siguientes imágenes están difusas.

Recuerdo besarnos contra la puerta, a Darien arrodillado frente a mí, después yo galopando sobre él... Oh, mierda. Espero que al menos nadie haya escuchado lo que pasó dentro de esta habitación.

Necesito salir de aquí antes de que se despierte. No quiero tener una incómoda conversación sobre lo que haya ocurrido anoche, así que intento levantarme pero la cama cruje por mi movimiento y noto cómo Darien se mueve a mi lado.

—Buenos días —sonríe frotándose los ojos todavía adormilado y la sábana se desliza un poco más abajo de su cintura.

Madre mía.

—¿Pero qué hemos hecho? —pregunto aunque más bien es un lamento.

—¿Tú qué crees? —pregunta levantando una ceja con picardía—. ¿Necesitas que te refresque la memoria? Porque estaría encantado de volver a hacer...

Ignoro su atrevido ofrecimiento, notando mis mejillas arder, y lo interrumpo antes de que continúe hablando sobre lo que podríamos volver a hacer. Bastaste tengo con tenerlo desnudo a mi lado, ya es demasiada tentación.

—¡Mierda, mierda y jodida mierda!

—Es que lo sabía... Maldita sea, sabía que te arrepentirias —gruñe levantándose de la cama para empezar a vestirse.

Me levanto también con la sábana enrollada en mi cuerpo y analizo sus palabras. Él lo sabía. Sabía que esto no estaba bien y aún así no lo frenó. Podría haber detenido la situación y que todo hubiese seguido igual. ¿Por qué no lo hizo? ¿Por qué si no quiere estar conmigo?

—¡Joder, esto ha sido culpa tuya!

—¿Estás de coña? ¿Culpa mía? Yo te lo advertí pero fuiste tú la que dijo algo sobre vivir el momento —explica mirándome con el ceño fruncido—. Ahora no me culpes a mí de lo que quisimos hacer los dos.

—¡Dios, eres un idiota!

Se queda callado, con la mandíbula apretada mientras se sienta de espaldas a mí para ponerse los zapatos y veo cómo se contraen todos los músculos de su espalda. Trago saliva y aprieto más la sábana contra mi cuerpo. Necesito irme ya de aquí.

—Vamos a hacer como si nada de esto hubiera ocurrido —propongo haciendo que se vuelva para mirarme con decepción.

—¿Por qué? ¿Tanto te arrepientes de haberte acostado conmigo?

Mi peor pesadillaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora