Capítulo 18

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 Verónica se dejó llevar, sintiendo que nada salvo ese chico existía. Recordó ese beso, tan deseado a la vez que tan inesperado. Aún lo sentía en los labios, y aún notaba como sus mejillas estaban ligeramente ruborizadas.

Las calles iban pasando una tras otra mientras el chico seguía acariciando su mano.

-¿Cómo es un día en tu mundo?

Aquella pregunta hizo que David se detuviese y la observase. Verónica le vio las intenciones, y a pesar de desear besarlo con todas sus ganas se alejó de aquellos labios que tanto la atraían. No quería otra cosa que no fuese una respuesta.

-No creo que ese sea un tema agradable para alguien como tú.

Ella puso los ojos en blanco.

-¿Alguien como yo? ¿Como somos las personas como yo?

A pesar de que aquella respuesta la había enfadado, no pudo evitar sonreirle con la mirada al ver el brillo en los ojos del chico y la jactanciosa sonrisa que le dirigía. De nuevo esa seguridad, esa fuerza capaz de hacer temblar el mundo.

-Eres como un diamante. Hermosa y deseada por muchos. Demasiado pura para mancharte en el barro del que vengo.

Se colocó cerca de ella y la atrajo hacia sí. Notaba su cálido aliento en el cuello segundos antes de que comenzase a besárselo. Ella sólo gimió suavemente de placer, y sin poder reprimirse le pasó una mano por el cabello, agarrándolo con fuerza intentando dejar de temblar.

-¿Qué simboliza el barro para alguien como tú? -le preguntó, siguiéndole el juego.

-Es mi pasado y mi presente.-le contestó él en un susurro antes de perder sus labios en los suyos.

Ella se estremeció y el sintió como todo el universo respondía ante aquel sonido. Sintió a su cuerpo mucho más de lo que había sido capaz de sentirse en toda su vida, como si fuese ella una pieza clave que lograba darle forma a todo lo que él era.

-¿Y por qué lo llamas barro?

El fue bajando por su cuello, lentamente mientras subía las manos por sus piernas hasta llegar a sus muslos.

-Porque estoy demasiado metido en él para poder salir facilmente.

Verónica jadeó al notar sus manos expertas sobre ella, sin embargo sacó fuerza en medio de todo aquel huracán que el chico despertaba y agarró suavemente sus manos, enlazándolas con la suya. Notó la sonrisa del chico entre sus labios, y pudo jurar que no había experimentado ninguna sensación en toda su vida que le hubiese gustado mas que aquella.

- Verónica -la llamó, como si aquel nombre abriese las puertas de cualquier mundo.

Ella respiró de él, de aquel fuego que lo hacía arder todo mientras perdía sus ojos azules en esa tempestad gris.

-Dime.

-Me gustas, ojos azules.

Aquella frase la hizo desfallecer segundos antes de que el chico se alejase de ella y señalase a su alrededor con la cabeza.

-A mi me da igual la gente, pero no creo que a una chica buena como tú no le importe que la miren por una situación así.

La chica reaccionó como si le hubiesen echado una jarra de agua fría. A su alrededor varios transeúntes se habían parado a mirarlos. Les dirigió una rápida mirada para comprobar que no conocía a ninguno de ellos y agachó la cabeza mientras ellos retomaban su camino.

David se le quedó mirando, como si le hiciese gracia la actitud de ella. Verónica lo contempló, tan seguro de si mismo que sintió envidia durante una fracción de segundos. Segundos antes de que él le sonriese con los ojos brillosos.

Ciudad de niebla© |TERMINADA| (1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora