Capítulo 21

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Tras el paseo en moto, se encontraban en la entrada de la casa de Verónica. Eran las cuatro y media de la mañana de aquel miércoles, y en lo único en lo que ambos pensaban era en hacer aún más larga aquella noche.

-¿De verdad no vas a dejar que nos volvamos a ver?

-No voy a ponerte en peligro.-dijo él, sintiendo un ardiente dolor en el pecho al pensar en dejar de verla.

- ¿Peligro de qué exactamente?¿De vivir?

Él aguantó las miradas de aquellos ojos azules oscuros, como si fuesen la puerta a un nuevo mundo.

-De estar conmigo.

Ella puso los ojos en blanco.

-Estoy convencida de que no seré la primera ni la última.

Él le sonrió, diciendo aquellas palabras como las mayores verdades que había dicho en su vida.

-Yo no estoy tan seguro.

Y dicho eso, sabiendo que todo su cuerpo quería quedarse allí, arrancó la moto y le dirigió una última mirada a la joven a la que había dejado pensativa en medio de aquella calle vacía. Casi tan vacía como sabía que iba a quedarse su interior sin ella.

-David.

Aquella llamada cuando empezaba a avanzar con la moto, hizo que se girase y se volviese hacía ella, retrocediendo hasta llegar a su altura.

Verónica se acercó a él, y por primera vez desde que llegó a su casa, David se sintió divertido. Veía las intenciones de la chica, sabía que era lo que quería y lo que dudaba si hacer. Ella se había acercado a él, y miraba fijamente sus labios, como si hubiese una atracción magnética que la obligase a acortar distancia hasta ellos.

Ella avanzó hasta una prudente distancia, sin querer aproximarse más por miedo al rechazo o por su timidez, sin embargo, una mano de él bastó para atraerla y para que sus labios se fundieran en un beso. Cálido, y luego se fue convirtiendo en una tempestad al tiempo que bailaban entre ellos. Como si ese fuese su lugar. Como si no hubiese otra casa posible para sus bocas que aquellas bocas ajenas a las suyas, pero que sentían como propias.

Verónica sintió como sus manos recorrían su espalda después de acariciar su pelo, y sintió como bajaban hasta sus piernas, aquellas piernas que tan loco volvían a David.

Para su sorpresa, la chica comenzó a acariciar su espalda, haciéndolo estremecer para luego pasar una mano hacia sus abdominales, tan duros que lograron impresionarla. Él comenzó a besarle el cuello y ella gimió, como si su gemido fuese el único sonido que David necesitase escuchar en toda su vida.

Sin querer separarse el uno del otro, David comenzó a pasar la mano por debajo de la blusa de ella, acariciando su ombligo, en el que tantas historias podrían contarse. Pasó su mano hacia su espalda, sin querer faltarle al respeto y aquel roce piel con piel fue suficiente para que la chica lo besase con más pasión, como queriendo comérselo a besos. Ella separó sus labios de él y le empezó a dar besos, más suavemente.

El odio aquella separación, pero sabía que aquel era el momento en el que debían de irse. Perdió por última vez su mirada en aquel océano oscuro y miró al suelo. Aquello era lo correcto, no obstante, una parte de él quería tener unas últimas palabras con ella.

-¿Me has llamado para esto?-le sonrió, con esa seguridad capaz de engatusar a cualquiera.

Ella se mantuvo seria, sin mediar palabra, como si una parte de ella no quisiese contestar o quisiese alargar aún más esa despedida.

-Te dije que haría que te murieses por un beso.-continuó él, queriendo buscarla para que se riese, pero lo que le dijo a continuación, iba a impactarle más que cualquier otra palabra que ella pudiese decir respecto a aquel beso.

-¿Recuerdas lo que me dijiste en el parque?

El se puso serio, copiando la actitud de ella.

-¿Qué exactamente?

Sorprendido, observó como ella se acercaba a su oído, y con una mezcla entre dulzura y picardía, le soltó aquellas palabras que le tuvieron pensando en ella toda la noche, justo antes de volverse y meterse en su casa, dejando a David en la moto, durante unos instantes sin saber que decir ni como actuar.

-Cuando te referiste a mi, a las personas como yo, nos llamaste las personas de diamante. Creo que hay algo que no tienes en cuenta sobre ellas. Al igual que el diamante, es sumamente difícil rompernos.

Le dio un beso en la mejilla, ante lo que el chico respondió con una sacudida eléctrica por todo su cuerpo.

-Volveremos a vernos.-le dijo ella, dirigiéndole aquella mirada tan suya, con ojos sonrientes.

Gracias por leerme, un abrazo enorme.

Instagram: itssarahmey

Ciudad de niebla© |TERMINADA| (1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora