No era posible que esa persona se encontrara allí de tal manera. Él formaba parte del pasado de la rubia. La había herido como nadie lo había hecho. La abandonó cuando ella más lo necesitaba. Y sentía la necesidad de abrazarlo, sentirse mimada por él otra vez; pero debía ser fuerte. Debía hacerlo sentir menospreciado, no importante y sobre todo nadie. Quería hacerlo sentir como él le hizo a ella. Hacerlo sentir que no valía nada. Hacerlo sentir que en este mundo, ya nadie lo necesitaba. Que era solo un estorbo más.
-Kelly, se que estas molesta conmigo y puedo entenderte. –Comenzó a hablar.
-Ve al grano. Ya te dije que no tengo tiempo. –Se cruzó de brazos y se encargo de mirar mal a su acompañante.
-Yo estuve buscando en mis archivos y vi que faltaban papeles. –La rubia comenzó a ponerse nerviosa. Mordió su labio inferior para no demostrar debilidad. Ella sabía la razón de la, ya nombrada, pérdida. Y sabía exactamente quien había sido la responsable.
-¿Qué con eso? –Preguntó arrogante.
-Bueno, mi primera sospechosa fuiste tú; entonces decidí espiarte por unos días.
-¡¿ESPIARME?! –Esto le molestó demasiado. Entonces des-entrelazó sus brazos y su tono de voz ahora era alto y molesto. – ¿Pero quién rayos te crees que eres, Leonard Josh Shepard?
-¡Soy tu padre, te guste o no, Kelly Anne Shepard! –Respondió de igual manera.
-¡A mí no me llames así! Mi nombre es Kelly Smith y no soy tu hija. –Su corazón se encogió. Su estomago se llenó de una sensación molesta e incómoda. Se sentía sola, destrozada y muy débil ante aquel hombre.
-Kelly, entiendo tu enojo y tu angustia. Puedo entender que me guardes rencor o quizás que nunca me perdones; pero vine a decirte algo importante que en serio te va a agradar.
-No quiero escucharte más. Ya no quiero verte. Fue suficiente. –Dijo con un horrible nudo en su garganta. Su vista comenzaba a nublarse a causa de las lágrimas que se acumulaban en sus ojos, pero ella tenía que ser fuerte. No debía llorar. No podía hacerlo.
-Kelly, es urgente lo que tengo que decirte.
-¡Por amor a Dios! ¿Qué es lo que no entiendes? ¿No te bastó con abandonarme? ¡Ya vete! –Su paciencia comenzaba nuevamente a salirse de control. Agarró una buena cantidad de oxígeno y sus pulmones fueron inflados ante este. Cambió su mirada al suelo para evitar la de este total extraño y poder aguantar las ganas de llorar. Tomó un poco de fuerza y tragó una pesada cantidad de saliva.
-Atrapamos al grande. –Interrumpió sus pensamientos y al oír esas palabras, la rubia levantó su mirada rápidamente. Su corazón latía fuerte. No podía ser cierto. Era imposible bregar con tan malvado hombre. Era totalmente imposible.
-No puedes estar hablando en serio. –Dijo poniendo su vista en él.
-Kelly, no voy a mentirte más. Me hice una promesa a mí mismo y haré lo imposible por recuperarte. Me di cuenta de cuanto quieres detener a este hombre. Se cuanto quieres proteger a tu amigo de él y me tomé el riesgo de hacer el trabajo fuerte y sucio por ti. No te miento. Te digo la verdad.
-Leonard, estas mintiendo y te recomiendo que pares el juego ya porque no es una broma de buen gusto. –Comenzó a acercarse a él para intimidarlo. Sabía que no lo haría, pero no perdía nada con intentarlo.
-Kelly, ya te perdí una vez. –Suspiró. –Luego de que muriera tu madre se me hizo muy difícil vivir. Se me hacía difícil respirar. No podía verte. Eres tan idéntica a ella. Tan hermosa como ella. Esa mirada que siempre tienes, cuando te enojas tus ojos cambian a un color tan único y extraño igual que lo hacían los de ella. Tu manera de retar es la misma que usaba ella. –Volvió a suspirar. –Eres tan igual; tan fuerte contigo misma. No permites que alguien entre en tu vida por miedo a perderlo también y sé lo que sientes porque yo también me sentí así. Kelly, eres lo único que tengo. Eres mi hija, y por más mal que me haya portado contigo, mi consciencia no para de decirme lo imbécil y cobarde que fui. Tú y tu madre lo eran todo para mí. No espero que me perdones, pero solo permíteme ayudarte. Solo eso. –La miró con tristeza. Estaba dolido y más que nada arrepentido. Había perdido lo más grande de su vida por solo un capricho.
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