Lo último que escuchó fue el portazo que dio Kacchan al salir. Se había quedado alucinado de todo lo que le había dicho, y más de lo último. Esos sentimientos los había guardado bajo llave en el cofre más profundo de su corazón, y ahora parecían querer florecer de nuevo. No, él estaba haciendo florecer esos sentimientos de nuevo.
Entonces, no se había dado cuenta, pero había visto de refilón la cicatriz de una mordedura en su cuello. No estaba seguro pero, tal vez, solo, tal vez, era posible que se la hubiese hecho él mismo la noche que se besaron. Porque era imposible que otro lobo le hubiese marcado, además recordaba vagamente como había besado su cuello y entre esos besos recordó haber dado uno tan fuerte que le había salido hasta sangre. Aquello sí que era preocupante. Si en verdad Kacchan estaba marcado por él, era imposible que encontrase pareja en lo que le quedaba de vida. Así era su tribu, los Alfas marcaban a los Omegas y éstos permanecían a su lado para siempre. Así funcionaban sus principios, y a así debían continuar. Así que rápidamente se cambió de ropa y empezó a coger una mochila con todo lo que necesitaría en su viaje.
Cuando ya casi hubo terminado de coger lo imprescindible alguien llamó a la puerta. Su corazón latió con furia, pensando que sería Kacchan de nuevo, pero se decepcionó al ver de nuevo a Uraraka, su cita. La dejó pasar y ella asustada por la inquietud de su compañero, entró en su casa. Vio que estaba todo desparramado y desordenado y se asombró ya que Izuku era una persona muy ordenada en la biblioteca. Lo miró un rato mientras andaba de un lado para otro.
—Lo siento Uraraka, pero debo marcharme. —los ojos de la chica se agrandaron y le miraron fijamente, asombrada.
—¿Adónde?
—A mi hogar, ha surgido un problema que debo resolver. Así que, lo siento, debo irme.
—¡Podría acompañarte! —le dijo entusiasmada. —¡Y Iida también podría! —aquello puso de los nervios a Izuku. Esos chicos se habían vuelto sus amigos en tan poco tiempo que temía que fuesen con él a el lugar más peligroso hasta el momento. Estaba a punto de desatarse una guerra desastrosa y ella quería venir con él. Si hubiese sido en otras circunstancias, no sabía si se lo habría negado, porque sabía que a su hogar jamás querría llevarla. Pero ahora todo era diferente y complicado a la vez.
Suspiró pesadamente y la miró, después asintió.
Ella empezó a saltar y salió corriendo de la casa de Izuku. Pensó que aquello no había sido buena idea, pero aquella chica conseguía convencerle de hacer cualquier cosa. ¡Maldita sea! No quería meter a sus amigos en eso, pero al parecer, ya era tarde para advertirles.
Tenía pensado salir del Aviario aquella misma tarde pero su salida se retrasó al día siguiente ya que Iida tenía que preparar bien a su ave para el viaje. Aquello, al contrario de desesperar a Izuku le alegró, en cierto modo no quería regresar a su hogar, pero sabía que si no descubría de quién era aquella marca del cuello de Kacchan jamás podría vivir en paz.
Se puso a pensar en su reencuentro, no había sido el mejor, pero se habían vuelto a ver, al fin y al cabo. Izuku no estaba muy seguro de la razón la cuál le había golpeado tan fuerte, pero estaba seguro que tenía que ver con lo ocurrido hacía un año en su aldea. Supuso que Kacchan se habría sentido traicionado al enterarse que él ya no se encontraba en la aldea y que le había dejado solo, pero tampoco era una razón tan horrible como para pegarle de aquella forma...
No, estaba seguro que debía de tratarse de eso, suponía, casi a ciencia cierta, que había algo debajo de todo aquello, algo que le hicieron los suyos durante aquellos días que él pasó por alto.
Suspiró mientras esperaba a sus compañeros de viaje. No estaba seguro si lo que iba a hacer era lo correcto, pero debía averiguar qué era lo que Kacchan tenía en el cuello. Aunque, pensándolo bien, no había planificado su regreso a casa, aunque estaba seguro que pasaría por la aldea de las tortugas, aquello había significado más un hogar que su verdadero hogar con su familia, no sabía como llegar allí, después de un año sin saber nada de ellos. Y tampoco sabía como iba a actuar Kacchan ante su regreso, y sobretodo su reacción ante la situación. Era casi estúpido pensar que simplemente regresaba a casa para dejar claro que nada le ataba a aquella vida. Si finalmente la marca no la había hecho él, regresaría a su nuevo hogar, y allí empezaría una nueva vida con Uraraka, olvidando todo su horrendo pasado. Claro que, estando ella allí con él, se enteraría de todo lo que le había ocurrido, de todos sus males y fallos, y aquella opción tampoco le parecía buena...
Pero, en el caso en el cuál, la marca de Kacchan sí fuese suya, tendría que dejar de lado a Uraraka y a Iida e irse a vivir de nuevo con ellos, y sobretodo a enfrentar una guerra de la cuál no quería saber nada.
Respiró hondo mientras los tres descendían por los ascensores construidos por las aves. Izuku al ser un erudito vivía en la copa de los árboles, así que antes de llegar al suelo, debían bajar algunos cuantos metros. Una vez ya en el último nivel, se encaramaron con cuidado a un tronco y empezaron su descenso con una cuerda. Escalada básica, para Izuku, claro, el infierno para Uraraka y Iida.
Probablemente de haberse tratado de una situación normal, rutinaria o incluso una quedada con ellos, se habría divertido de su poco fondo físico, pero en ese instante estaba tan ensimismado en sus pensamientos que hasta sus amigos se asustaron cuando empezó a murmurar. Después de un rato, al ver que podía descender, murmurar y cargar a su animal acompañante al mismo tiempo Uraraka y Iida siguieron intentando no chocarse con el gran tronco del árbol, obviamente no lo consiguieron, y cuando llegaron al suelo, estaban prácticamente agotados.
Antes de proseguir su viaje una vez descansado, Izuku les advirtió:
—Chicos, aquí abajo las cosas son muy distintas, quiero que sepáis que las cosas que vais a descubrir de mí no os van a gustar. No he tenido una vida fácil. Y además, aquí se va a desatar dentro de poco una guerra... —les explicó algo inseguro. Ellos asintieron a todo, Uraraka menos convencida que Iida, que parecía dispuesto a cualquier cosa.
—No te preocupes Izuku, estamos aquí para apoyarte. —respondió con la voz algo temblorosa.
—¡Ochako tiene razón! No te abandonaremos, estamos contigo.
—Pero...podríais haberos quedado arriba, seguros y protegidos...
—Midoriya...—le cortó Iida colocando una mano en su hombro. —...ya sabíamos donde nos metíamos cuando te conocimos. Eras un inmigrante, el cuál quería aprender, y nosotros ya sabíamos que no habrías pasado por un camino de rosas para llegar hasta aquí. Lo sabíamos, no te preocupes, de verdad...—le contestó tranquilamente, y después con esas palabras, a Izuku le salió una enorme y sincera sonrisa.
No estaba solo...
¡No estaba solo!
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El Cuento Del León Y El Lobo
FanfictionUn mundo en el que las personas viven acompañadas de animales, como parte de sus almas. Un mundo en el que, a pesar de la diversidad de razas, religiones, leyendas, dioses...hay grandes desigualdades y guerras. Un mundo muy parecido al nuestro, pero...
